Babel – “Epílogo”

Mario no podía ver donde estaba, de un momento a otro se hizo silencio, no había espectros ni tormenta, algo iba mal, si hubiese podido salir entonces la lluvia debería cubrirle, pero tampoco podía sentir nada, caminó sin rumbo durante horas en una misma dirección, quería estar seguro de estar lo más lejos posible de ese lugar, sin importar como. Entonces tropezó con algo, o más bien alguien, el hombre quemado.

Abel: Admito que estoy impresionado, es la primera vez que alguien resuelve este enigma.

Mario: ¡Tú!- acusó el periodista, reconocía su voz, él los había metido en esa jaula de pesadilla, por él enfrentó a sus demonios o más bien descubrió ser él mismo. Intentó clavarle el cuchillo, pero cuando éste entró en su piel su mano ardió al punto de tener que soltarlo, estaba en carne viva. El hombre se quitó el cuchillo enterrado que ahora estaba al rojo vivo y lo lanzó a un lado.

Abel: Lo admito, siempre aposté porque serías tú el que saldría por esa puerta, lo supe desde que te vi, no serás el más listo, pero eres un sobreviviente. Es decir, July no es ni la sombra de Claudia, iba a pasar sus días escondida de su exnovio, ni que digamos del viejo, pero admito que fue muy divertido verle intentarlo, se metió muy bien en su personaje. Por otro lado estás tú, no tienes ataduras y cuidas de ti mismo, esa es la clase de personas que logran huir, pero no fuiste tú quien resolvió el acertijo.

Mario: Locke…- dijo en voz alta, comprendió lo ocurrido y le invadió la culpa, la puerta no había abierto porque July seguía viva, de algún modo, había detenido la hemorragia y perdido el conocimiento pero debía seguir con vida al momento que intentaron abrirla, por eso había fallado.

Abel: Error y en más formas de las que te imaginas- corrigió aquel hombre, y no se refería al nombre que acababa de pronunciar, podía leer sus pensamientos- ese viejo senil no era Locke, pero creía serlo, era necesario para este juego.

Mario: ¡¿De qué estás hablando?! Vi su expediente y…

Abel: Y debiste notar que el verdadero Locke es surdo- Mario no dijo nada, solo se quedó en silencio ¿entonces quién? – Verás, el caso del viejo fue mi mayor reto, él era el único inocente entre ustedes, no tenía nada que usar contra él, excepto una cosa, las grabaciones, el espectro que entró por él nunca tuvo vinculación con su pasado, lo hice yo mismo, desde luego la mentira haría este juego muy aburrido así que jugué con su mente, usé sus propias grabaciones en su contra, él solo debía seguir metido en el personaje y así lo hizo porque eso era 100 veces mejor que aceptar la verdad.

Mario: ¿Por qué dices que usaste sus grabaciones si insistes en que no era él?

Abel: Porque fue lo que él declaró

Mario: No…- estaba tan emocionado por la idea de conocerlo por fin que nunca se lo cuestionó, nunca se esmeró en comprobar si era él, sus preguntas se basaron en rumores todo el tiempo, nada muy difícil de comprobar o memorizar, como su mente se iba nublando cada vez más escogió ser alguien más brillante para salir de ese manicomio y lo había logrado, mientras más olvidaba de su pasado, más se convencía a sí mismo de ser el verdadero detective Lorense. Ese hombre era Joel Conner, el Carnicero- concluyó Mario.

Abel: Tal vez no eres tonto, solo lento. Así es, estoy seguro de que el verdadero sí lo habría resuelto a tiempo, nunca lo sabremos- añadió con ligera decepción pero lo cierto era que ese acertijo le fue de lo más divertido.

Mario: Si alguien pudo resolverlo, debió ser él.

Abel: Definitivamente no fuiste tú –interrumpió el hombre- pero tampoco fue él, ella lo hizo.

Mario: Maldición, dilo de una vez ¡¿Quién de los 3 era el errante?!

Al oír la respuesta, Mario sintió una descarga sacudir su cuerpo, esta le hizo gritar de dolor hasta perder el conocimiento. Y ahí estaba, con su auto manejando en la autopista, su fiel can en el asiento trasero disfrutando el paisaje y asomando la cabeza por la ventana de vez en cuando, el sol estaba en su punto más alto y sentía que acababa de despertar de una pesadilla, sudaba frío pero el calor del sol no tardaría en reconfortarlo, decidió que algo de música lo ayudaría a mantenerse despierto, así que comenzó a jugar con el radio hasta captar alguna señal, al principio hubo algo de estática que la impedía escuchar con claridad pero finalmente logró captar la señal: “…Uno de los cuerpos pertenece al asesino en serie Joel Conner, también apodado El Carnicero, declarado culpable de homicidio en primer grado hace 10 años e internado secretamente en el asilo psiquiátrico Wesker del cual escapó durante el motín del pasado 11 de septiembre. Le sobrevive su hija, Claudia Conner, quien se encuentra en estado de coma tras las múltiples agresiones propinadas por el sicario Héctor Salazar, quien hoy es trasladado al penal de máxima seguridad… “- la noticia la parecía tan desagradable que no tardó en cambiarla, no había muchos pueblos para descansar alrededor, se detuvo a un lado de la carretera y observó su mapa, se detendría a dormir una horas en el próximo pueblo y manejaría toda la noche como solía hacer, habría una cafetería donde podría hacer una pausa: Babel.

Abel: ella lo hizo, nunca se trató de ustedes tres- July, en sus últimos momentos, logró descifrarlo. De lo único de lo que ella estaba segura era que no era el errante, y al encontrarse en el piso, forcejeando con Mario y luego bañada en un charco de sangre trajo a su mente demasiados recuerdos de Héctor, supo porque su carta del tarot estaba bocabajo, se refería a su interior. Porque aquel espectro la había señalado en primer lugar, nunca se trató de ella, no la señaló en realidad, en un inicio creyó que sí, pero en ese momento ella estaba en el suelo y no había como notarlo lo cual confundió la conclusión del viejo, señalaba su vientre. Héctor, en un acto casi salvaje, le había provocado un aborto – era su hijo.

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