C.D.K. – Primera noche

Zerch necesitaba tiempo para procesarlo, el cual no tuvo cuando Lily se asomó a la habitación al percatarse de una luz, el fuego que Caron había creado. El niño que había metido a su casa representaba un problema para él y los otros, día los niños de Mamá eran intocables; sin embargo, Caron no lo era. Muchos ideas fueron a su mente en un solo instante, si la guardia se enteraba acerca de él no estaba seguro si Mamá podría detenerlos esta vez. si lo entregaba o hacía que se marche al día siguiente, sería como si nada hubiese pasado, podía darle alimento para el viaje de regreso o simplemente pedirle que se fuera, pero ese momento, y con total vergüenza, se dio cuenta que después de todo pensaba como su padre. Incluso en su intento de dejar la ciudad y a todos sus hermanos, solo sabía cuidar de sí mismo. La mejor forma de proteger a su familia y a su nuevo amigo era manteniendo el secreto.

-¿De dónde ha venido eso?- preguntó Lily luego de un instante de silencio, Caron daba de espaldas a la puerta, se secó las lágrimas con la manga al tiempo que Zerch se ponía de pie invitando a salir a su hermanita.

-Encontramos un fósforo y lo prendí por accidente- le enseñó una ramita con esa forma y con un rápido juego de manos la lanzó detrás suyo, la oscuridad y velocidad de respuesta ayudaron a convencer a la pequeña- por favor no le digas a Mamá ¿sí?- Caron supo reconocerle que era un mentiroso de primera. Lily suspiró pidiendo paciencia, a veces podía ser más madura que el mismo Zerch, aunque eso no era una valla muy alta.

-Mamá dice que te hagas cargo del desayuno mañana.

-¡Dile a Erick!- dijo elevando la voz para que Mamá le oyese sin tener que usar a Lily de mensajera.

-Solo hazlo ¿sí? Caron, tu baño está listo- dijo con total familiaridad y luego se marchó.

-Gracias- dijo él pero no estaba seguro se alcanzó a oírle, Zerch se acercó a él, debía aclararlo cuanto antes.

-Debes mantener esto en secreto ¿vale? Si quieres estar con nosotros unos días está bien, pero no vuelva a hacer eso o podrías meternos en problemas.

-Lo siento, no fue mi intensión.

-Yo lo sé, pero aquí las cosas no son tan sencillas, por favor, que no salga de aquí.

-Está bien.

-Ahora date un baño, los guardias usan a los lobos en las noches para olfatear a los forasteros y refugiados.

-¿En serio?- preguntó Caron sorprendido, de donde él venía lo guardia usaba perros de caza a los cuales recordaba con muy poco afecto.

-¡Creías!- bromeó otra vez Zerch y salió a la cocina a ver que podría preparar al día siguiente.

Los demás niños seguían en la mesa jugando a las cartas o ajedrez. Como siempre, Wesley sumergido en sus dos únicos libros. Lily aún no había terminado de lavar las cosas, pero escapó el tiempo suficiente para ganarle a Erick una partida de naipes y hacerle lavar el resto. Entonces se escucharon rasguños en la puerta, uno de los niños se escabulló hasta ella, la abrió y lanzó un hueso al otro lado.

Su nombre era Edmont, sus padres eran dueños de la perrera de la ciudad, entrenaban canes desde cachorros para la caza hasta que su madre lo perdió todo, nunca hablaba al respecto, pero cuando la ciudad abrió sus puertas él fue de los primeros en marcharse, Zerch y él eran los únicos del grupo con algún pariente vivo y ninguno deseaba regresar a casa. Al igual que los otros, era rubio pero sus ojos celestes claro, usaba un chaleco corto color rojizo y un pañuelo color verde que envolvía su cuello, pantalones cortos se veían como ropa costosa algo desgastada, siempre cargaba una cantinflora y una boina de color gris consigo para ocultaba parte de su frente. Acostumbraba jugar con los perros de la calle, pero Mamá siempre le prohibió llevarlos a casa así que nunca podía pasar demasiado tiempo con ninguno. Al haber pasado la mayor parte de su vida criando canes, estos tendían a confundir su aroma como uno de los suyos, aunque imperceptible al sentido humano. Pese a las advertencias de Mamá, cada cierto tiempo algún can abandonado seguía al pequeño Edd a casa, la mayoría durada una semana o dos pero este último al que nadie había visto aún parecía más listo que los otros, ya iban dos meses que sistemáticamente iba en las noches a pedir algo de comida.

Mientras los demás seguían haciendo de las suyas Caron se había tomado su tiempo en el baño e incluso Mamá comenzaba a preocuparse. Zerch la había dejado algo de ropa limpia al otro lado de la puerta pero hasta el momento no la había tomado.

-Ya se ha tardado un buen rato ¿Por qué no va alguien a

-¡Yo voy!- dijo Lily muy entusiasta levantándose de su silla como si le hubiesen picado el trasero con un alfiler, pero de pronto sintió una mano en su hombro que volvió a sentarla con la misma velocidad con la que se había puesto de pie.

-Tú te quedas- objetó Erick sin perder la calma o dirigirle la mirada mientras que seguía sentado haciendo el inventario de la comida que por cierto no era mucho y debía separar lo que Zerch iba a preparar a la mañana siguiente.

-Zerch ¿podrías? – volvió a pedir Mamá.

-Yo le dejé la ropa- dijo aburrido apoyando la cabeza en la mesa, pese a que las fronteras estuviesen abiertas, había toque de queda en la ciudad desde las 8 de la noche hasta salir el sol- ¿Por qué no va

Pero para entonces alguien más se había puesto de pie y fue a buscarle, al cruzar el pasillo y llegar a la puerta había otros tres niños asomados en el umbral, entre ellos Wesley. Comprobó que la ropa ya no seguía en la canasta y cuando estuvo a punto de tocar la puerta ésta se abrió. Las ropas que le habían dejado, contrario a su atuendo original, si eran de su talla, una camisa blanca y un pantalón color café con un par de botas un poco más oscuras que Mamá acababa de pulir, del algún lo hacían ver más alto. Además, su cabello tenía un tono más claro, era cobrizo, casi tan claro como el de Lily y no marrón como habían pensado en un inicio, su piel tenía un ligero tono dorado. Era el mismo niño que horas atrás había entrado por su puerta, pero no lo habrían reconocido en la calle de verlo así. Caron estaba abrochando el último botón de su camisa sin mirar que había alguien frente a él, Kara no se movía y ambos chocaron sus frentes, él retrocedió un poco y ella caía hacia atrás, como reflejo la tomó de la mano y detuvo su caída tirando hacia él.

Ella tenía el cabello corto con un tono entre blanco y plateado, sus ojos eran azules, su piel, a diferencia sus hermanos, tenía un ligero tono rozado, no lucía pálida aunque ahora sus mejillas estaba rojas. No sonreía e incluso parecía que hacía un esfuerzo por no hacerlo la mayoría del tiempo, tras prestarle atención y verla de cerca por primera vez, supo quien era.

-“Kara”- pensó Caron quien aún no le soltaba- ¡Perdón!- dijo al tiempo que retrocedió su mano, esa solo dio un paso al lado para dejarle salir y Caron volvió con los demás quienes habían corrido a sus sillas nuevamente.

-Mírate, casi no te reconozco- dijo Mamá muy feliz de ver que todo estaba en orden, sonaba como una madre orgullosa, Caron caminó hacia ella y en otra canasta traía su antigua ropa- Creo que ya no necesitarás esto- dijo ella tomando la canasta y Caron en un acto reflejo extendió ligeramente su mano, al notar que quería sacar algo de ahí se la acercó nuevamente, era su capucha, estaba algo sucia, con algunos cortes y ciertamente le quedaba muy grande, pero era evidente el valor sentimental que tenía- Creo que podemos ayudarte con esto, Kara- dijo mirando a la niño quien acudió enseguida- ¿Te importaría? Creo que es la misma talla que Erick.

-Me haré cargo- Caron no estaba seguro si su intención era ser cortante, pero aun así lograba sonar amable, tomó la capucha y sin mirar a Caron se dirigió al closet y empezó a buscar algo entre las cajas.

-Tranquilo, están en buenas manos. Te la regresaré en un día o dos, ahora trata de dormir un poco- dijo ella, una sutil invitación a quedarse de la cual Zerch sintió culpa, era más fácil que pasase desapercibido con sus ropas viejas. Ella sabía las consecuencias de invitar a un niño más a su casa, pero un elemental podía poner a todos en peligro.

-Gracias- dijo Caron, Kara había regresado con dos mantas que dejó sobre la mesa al lado del nuevo- y a ti también- pero ella eligió ignorarlo.

-¿Qué hay de mí? Yo lavé todo- objetó Lily tras no ser mencionada, pero Erick siempre estaba ahí para corregirla.

-Yo cociné, y no me quejo tanto, ahora ve a dormir- Caron daba crédito a la paciencia que Erick tenía con ella, alguien como Zerch no hubiese resistido tanto a su parecer.

-Gracias a todos- añadió el nuevo, fue breve, pero sincero y a Zerch le alegró ver que, aunque pudiese lucir diferente, era el mismo chico con el que se topó en el bosque.

-Vamos, es mejor ir a dormir, a los hombres lobo les atrae el ruido nocturno, prefieren cazar grupos grandes- dijo Zerch sonando preocupado, además Caron sabía de lo que eran capaces, pero no estaba que anduviesen cerca de la ciudades como Icemberg, el estar detrás de la muralla los hacía vulnerables, al ver la expresión de preocupación en el rostro de Caron añadió – ¡Creías!

-Lo mereces por ser tan ingenuo- comentó Erick con una ligera sonrisa- Tomaré el primer turno para vigilar la chimenea- indicó a Mamá

-Yo creo que es lindo que sea tan crédulo- dijo Lily quien estaba sentada sobre la mesa barajando un mazo de cartas- ¿Quieres jugar una ronda de cartas?

-No más rondas por hoy, señorita- intervino Erick mientras que con ambas manos la bajaba de la mesa- Ahora vaya a dormir- pidió y como era costumbre, ella le dio un abrazo de las buenas noches, de vez en cuando Zerch se animaba a pedir uno, pero terminaban con Lily sacándole la lengua- Ustedes también chicos, tenemos mucho que hacer mañana.

-Vamos socio, te enseñaré donde vas a dormir.

Había un lugar entre Zerch y Edmont, un colchón un tanto más viejo que los demás, pero Caron no había dormido en una cama en semanas así que no tardó en caer rendido. Los demás no tardaron en hacer lo mismo, Erick se quedó más tiempo despierto, había pedido la primera guardia a propósito para vigilar la casa para vigilar a Caron. Tal vez Mamá estaba de acuerdo con invitarlo a quedarse, pero él tenía sus dudas, su instinto le decía que no tardaría en dar problemas. Él era el guardián de esa casa, de su familia, Zerch había sido imprudente antes, incluso él mismo, pero esto iba más allá, no porque fuese un desconocido, sino porque estaba entrenado, él lo sabía, su forma de hablar, su silencio, su forma de comer, así como supo que Zerch venía de una mejor vida llena de lujos, Caron vendría a ser su opuesto, un sobreviviente, pero nadie en su sano juicio iría a un lugar como Icemberg para buscar un mejor vida, vendría a ser más de lo mismo. Debía averiguar más acerca de él, era mejor mantenerlo cerca y no podía confiar en dejarlo solo. Si sus secretos o pasado ponían en peligro a alguno de sus hermanos o a Mamá, lo entregaría a la guardia de Atreyus personalmente.

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