C.D.K. – Pacto de Hermanos

Un familiar en la ciudad era algo casi tan malo como la presencia de su amo, para que uno pudiese andar con tanta libertad y poseer esas habilidades su amo debía ser de temer. Había hechiceros que no eran capaces de hacer ni la mitad de los trucos que ella había empleado, además solo había sido una carta de presentación, no un pelea. Magia de sangre, transformación, leer la mente, requería un dominio de magia tan avanzados que requería una vida en ser perfeccionados. Y Sin embargo, fue la presencia de esa joven no fue nada comparado con lo que dijo Zerch ¿los hechiceros habían tomado una ciudad del Nuevo Mundo?

-Si vas a quedarte con nosotros es mejor que lo sepas de una vez- siguió Zerch-No tengo todos los detalles al respecto, pero… Icemberg cayó mucho antes de la invasión- Caron tenía demasiadas dudas en ese momento, mas el temor no le permitió articular siquiera una- Elegimos el bando perdedor de esta guerra desde antes de que empiece. No apoyamos a los hechiceros, pero tampoco podemos enfrentarlos. Aquí intentamos convivir con ellos.

-“¿A esto llamas convivir? ¿Vivir de sus sobras y en constante miedo?”- Caron no lo entendía y tampoco tenía el valor de expresarse, un fuego dentro suyo deseaba explotar, podía sentir el calor en sus manos, si no se calmaba se delataría. Por eso Zerch quería mantener en secreto su poder ¿cuántos más harían lo mismo?- ¿Por qué no avisan a Capital? Seguro que

-Nadie vendrá. Los lazos entre Icemberg y Kamino fueron destruidos el día de la Invasión, mi padre se encargó de eso- había rabia y vergüenza en la voz de Zerch ¿su padre?¿realmente sabía tan poco como decía?

-Esto es diferente- no podía solo dejarlo pasar.

-Sí quieres permanecer aquí, debes aceptarlo. Ellos de su lado y nosotros del nuestro- dijo Erick- sino será mejor que te marches sin hacer preguntas- de pronto Lily llegó al callejón.

-¿Qué sucede?- pero ninguno decía nada. Caron comenzó a cuestionarse si ella también lo sabía- ¿Erick? ¿Dónde está nuestro dinero? – la ausencia de la bolsa en su cinturón era demasiado evidente y lo único que salió de sus labios fue.

-Moon- respondió con resignación, ella estaba triste y a la vez preocupada, pocos en el pueblo sabían de ella, mientras que Moon parecía saber todo acerca de todos.

Si Lily sabía de Moon era probable que también supiese de los otros, Kara, Mamá, eran todos testigos mudos de lo que los hechiceros le hacían a Kamino ¿Podía solo aceptar esa vida y mirar a otro lado? Esa era la razón por lo que había dejado Stardust, Caron sufría lidiando con sus propios demonios y resultaba que marchaba hacia el averno. Tenía que salir de ahí, debía volver a Stardust, a la vida que conocía, no hacía falta una despedida, una mentira piadosa sería suficiente, si realmente eran sus amigos lo menos que podían hacer era dejarle ir. Estaba convencido de que no era rival para Erick mucho menos para Moon.

-Yo podría cazar algo, aún me quedan algunas flechas- le llevaría un rato recobrarse del frío pero había cazado bajo peores circunstancias y había salido victorioso, claro que también había fracasado en mejores. Zerch lamentaba dejar ir a su amigo en esas circunstancias, pero si no podía aceptar como era la vida en ese infierno helado tarde o temprano pondría en peligro a todos, una parte de él estaría aliviado por no tener que cargar con su secreto.

-No tienes que hacerlo- dijo Lily asustada, no era fácil reponerse a un encuentro con Moon, pero no podía culparle, era solo cuestión de tiempo para que supiesen de él, solo no esperaba lo fuese tan pronto. Caron sintió la culpa y buscando dejar atrás el dolor comenzó a alejarse- No tienes que hacerlo ¿cierto? – dijo mirando a sus hermanos – Además, Mamá nos espera de regreso a todos. ¡Vamos, Erick, dile!- pero ninguno decía nada. Erick podía no confiar del todo en Caron, aunque ello no le hacía mala persona, había resultado tan ingenuo como aparentaba, pero tras ese silencio y miedo vio que se escondía alguien de corazón noble, el tipo de personas de las que no abundaban en Icemberg, lamentaría su partida- ¿Zerch?- Lily no entendía lo que estaba pasando pero su voz comenzó a quebrarse cuando no oyó respuesta de sus hermanos, su corazón le decía que algo iba mal, no quería dejarlo ir.

-Está bien Lily, es lo menos que puedo hacer- era la primera vez que él la llamaba por su nombre, pero ello solo la hizo sentirse triste. Caron debía buscar un caballo o alguna caravana al próximo reino, seguro podría hacer algunos trabajas para pagar su viaje, realmente echaría de menos a Mamá y a Zerch, luego de haberse criado en Stardust no creyó encontrar a gente de corazón tan cálido en un lugar tan frío. Lamentaba dejar atrás su capucha, pero si volvía a esa casa no tendría la fuerza para despedirse, se propuso que ganaría la suya la próxima vez. Tras haber salido del callejón sintió a Lily abrazarlo desde atrás, no supo en que momento había llegado hasta él, la pequeña estaba llorando, apoyaba su cabeza en su espalda como si intentase secar sus lágrimas.

-¡Yo voy contigo!- dijo llorando como si supiese que era una despedida y de esa manera se aferró a él.

-Pero, Lily- Zerch no sabía que decir, solo quería detenerla, ella no sabía los secretos tras el muro, era muy pequeña para entender lo que realmente pasaba, su visión de la vida era mucho más simple y a la vez, parecía ser la correcta.

-Es uno de nosotros- lo abrazó con más fuerza y su llanto aumentó de igual manera. Tras esas palabras, y el tacto de Lily, Caron sintió como el calor volví a su cuerpo, ya no temblaba, pero no estaba seguro si fue Lily quien curó los efectos o su propio poder que aún dormía. Erick se acercó a ambos, Caron sabía que se llevaría a la pequeña así fuese a rastras, era por su bien y él debía cuidar de todos, no podía odiarlo por eso.

-Lo es- dijo mirando a Caron y poniendo una mano en su hombro. Lily siempre había sido la chispa en la familia que habían elegido, era quien siempre reía y los hacía reír, era su hermana favorita y verla llorar de ese modo simplemente le rompía el corazón, si aprobar a Caron era necesario para verla sonreír otra vez, entonces bien valía el precio- Iré con ustedes- Caron no sabía que decir, se sentía en conflicto, no podía solo aceptar lo que sucedía en la ciudad, pero tampoco le daría la espalda a Zerch y los otros, y antes de que pudiese decir algo Zerch ya se encontraba también junto a ellos.

-Iremos todos- Caron hizo un esfuerzo por no llorar debido a una extraña mezcla de felicidad y culpa, después de todo era cierto, ya era uno de ellos- No te creas que eres el único con entrenamiento, socio- añadió sacando una resortera y mientras fingía apuntarle a un ave añadió- una vez le rompí 3 cristales de la Catedral de un solo tiro- un mérito absurdo, pero su orgullo parecía auténtico por lo que Caron creyó que era otra de sus mentiras.

-Lo hizo- confirmó Erick con una ligera risa y ligera vergüenza a la vez- los fieles soportaron el frío por dos semanas hasta que lograron repararlos.

-Siempre creí que esos tipos se la llevaban demasiado fácil, un poco de redención no le vendría mal- dijo Zerch defendiendo su hazaña. Entonces una idea cruzó por la mente de Caron, había una mejor forma de combatir el hambre en esa ciudad.

1 Semana después

Los desayunos se limitaban a pan y té o alguna otra infusión, la cena era lo mismo pero el almuerzo era la comida más consistente, por lo general conejo, además habían dejado de llevar pan para las jornadas de trabajo, todo con excepción de Lily por ser la menor. Caron les explicó que el motivo por el que la tierra había perdido su fertilidad gradualmente era porque estaba maldita. Les contó que el único modo de purificarla era con agua bendita, pero que su efecto era temporal y para purificar toda esa tierra se necesitaría de un río. Así que en vez de bendecir la tierra, lo harían con su contenedor, iniciaron la prueba con algo sencillo, habichuelas, manzanilla en un pequeño recipiente, Adam era un experto en el cultivo, pero sus habilidades no podían ser aprovechadas en un terreno tan poco fértil por lo que al comprender el plan de Caron volvió a sentirse como en esos años dorados en la granja de sus tíos. Él sabía que plantas crecían más rápido y no tardaron en comprobar la efectividad de los contenedores de barro. Poco a poco estos se hicieron más grandes, tardaría uno o dos meses en poder cosechar el contenido, pero el periodo de hambre terminó luego de terminar reunir suficiente dinero para los contenedores y las semillas que necesitaban.

Caron le enseñó a Erick y Wesly como hacer trampas conejos, increíblemente éste último tenía talento con las manos por lo que su asistencia dejó de ser requerida al tercer día de sus lecciones. Caron aún se sentía culpable por lo sucedido con Moon por lo que trabajó un poco más todas las tardes para poder comprar una gallina ponedora, pero no sin antes ser asistido por Adam quien le ayudó a seleccionar a la más apropiada. Era una boca más que alimentar y en menos de un mes serían dos, pero de eso se trataba. Erick y Lily por su parte consiguieron comprar un armario de segunda con el cual pudieron improvisar un gallinero. Zerch, viendo la necesidad que el grupo tenía, optó por ayudar a cargar costales en el mercado y con el dinero que obtuvo compró semillas de pimienta, canela, clavo y cualquier otro ingrediente que le ayudase en la cocina. Por otro lado, la escasez de ingredientes le inspiró a improvisar nuevos platillos, así que desde ese día él se hizo cargo de la comida. A decir verdad, había estado actuando muy extraño en los últimos días, se volvió menos comunicativo y aunque su comida seguía siendo excelente, se había vuelvo muy flexible con los tiempos de preparación lo cual no era un buen augurio, no quería conversarlo con nadie más y se sumergía más y más en la comida para evitar el contacto con los otros, pese a eso Caron seguía buscando conversación con él.

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Como ya se había cumplido el plazo Moon tuvo la tentación de recibir otro soborno, pero para entonces el chico nuevo del pueblo ya no era un secreto para la gente del otro lado del muro, en específico, para Atreyus. Quien como de costumbre continuaba con los reportes de su hijo. Nuevamente, su salud era lo más importante, le confortó saber que estaba comiendo mejor, al parecer había perdió unos 5 kilos desde su partida. Llamó su atención la llegada del joven “Salamander”, un gentilicio para los de Stardust, su única preocupación con respecto a él era que se robase algo de valor y al recordar de qué lado del muro estaba soltó una risa. De haber sabido que era un elemental de fuego lo habría mandado traer en el acto. Había pasado más de año y medio desde la partida de Sergio, era lo bastante listo para saber que si lo traía a la fuerza solo volvería a escapar y en el proceso podía ponerse a sí mismo en peligro, no, Sergio debía volver por voluntad propia y la anciana solo lo estaba retrasando. Además, mientras más tiempo pasaba su hijo fuera de esos muros, más fuertes eran sus lazos con sus amigos, incluso si ella salía del tablero, habían más fichas que lo retendrían, no, ya no podía solo quedarse esperando, eventualmente debía actuar. Sin embargo, tuvo la confirmación de que la Familia Real marchaba a sus tierras, si lograba hacerse con el príncipe lograría romper el vínculo entre humanos y dioses, sería el fin de los elementales, debía orquestar un plan, llegarían para el carnaval, Sergio tendría que esperar un poco más. Lo que Atreyus ignoraba, era que para Sergio, se acercaba un acontecimiento mucho más importante.

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Por su parte Wesley se había dado el trabajo de investigar todas las granjas en los alrededores, buscó los mejores costos y encontró algunas eventualmente morirían de hambre, se ofreció al menos uno, la menos huesuda del grupo, al menos no les quitaría raciones, solo debían cuidar bien del pasto, éste parecía cada día un poco más verde y a la vaca no parecía importarle.

-Es extraño, los dueños dicen que casi no comía, creyeron que estaba enferma o algo así.

– Ya veo… ¿lo está? – preguntó Edmont con cierta sospecha.

-No- dijo Wesley que tras pensarlo mejor, el precio era demasiado bueno para ser verdad- no lo creo – la vaca mugió, le llevaría un tiempo recuperar su peso, pero extrañamente parecía a gusto.

Lo cierto era que las granjas más cercanas a la ciudad parecían ir de mal en peor, cada año menos cosechas, animales que debían sacrificar o comer, dejaban de ser fértiles. La decadencia había inicia de forma tan gradual que en un inicio fue imperceptible y, tal como lo sospechaba Caron, la hechicería estaba envenenando la tierra.

Caron había reunido las 10 piezas de cobre que el viejo de la librería pedía por el libro, le alegró ver que para entonces tenía un mejor semblante y se veía mucho más animado, preguntó varias veces por Wesley e insistió en que fuese a verlo cuando terminase con sus deberes. Wesley tenía una caligrafía impecable por lo que Caron le pidió que dibujase unos símbolos tras los maderos de la cerca, que hizo construir a Edmon, en un orden específico, formaba un hechizo de protección divina, Caron se había asegurado de que Edmont levantase la cerca con un número específico de maderos y con una cruz hecha con dos clavos en cada uno, éste último lo hizo pese a sentirse incómodo por seguir ordenes, tenía más en común con Zerch de lo pensaba.

Había magia divina que repelía males menores, la sequía y enfermedades eran los más comunes, la cerca debía repeler los efectos secundarios de hechizos más fuertes. También les hizo forma una cruz con dos clavos en sus zapatos pues ahuyentaban a los malos espíritus. Nadie sabía cómo había aprendido Caron todas esas cosas y de saberlo nadie habría movido un dedo, así que era mejor mantenerlo en secreto. La cruz era el símbolo de Antares, Comandante del ejército celestial, Protector de las puertas del Inframundo, se dice que fue el único celestial que permaneció en la tierra para resguardar el reino de los hombres. La cruz también era la insignia de los Inquisidores, una secta que cazaba hechiceros en secreto con métodos poco ortodoxos, era el único grupo al que elementales y hechiceros temían por igual. Por ello, cuando Atreyus hizo crucificar a Josue a las afueras de la muralla, era para infundir el miedo en todos los que estaban por debajo de él, incluso sus aliados.

Esa noche era el turno de Caron de vigilar el fuego, lo cierto es que pidió el turno porque no podía dormir, pese a estar cansado, la noche siguiente sería luna llena y la semana de Moon había terminado, él creía ingenuamente que estancia en esa ciudad seguía siendo un secreto. Mientras comprobaba los leños de la chimenea pudo ver como su sombra cobraba vida por un segundo, supo que estaba cerca de su límite y las consecuencias que eso traía. Era un elemental del fuego, no podía ir en contra de su naturaleza, al haber estado jugando a la casita con Zerch y los otros había dejado de lado su entrenamiento como si fuese un niño normal y, ciertamente, eso quería. Cada día sentía más frío, incluso empezaba a perder el calor tan característico de sus manos, quiso tomar un tronco encendido con su propia mano, si era un elemental entonces no debía quemarse, pero al poco de acercarse sintió como dejaban una manta sobre sus hombros “Mamá” pensó él; sin embargo, se trataba de Kara, quien luego de todo ese tiempo se seguía resistiendo a hablarle.

-Parecías tener frío- dijo ella y al juzgar por su expresión le parecía peculiar que él pudiese sentir frío. Kara se había mostrado distante desde su llegada, casi no le dirigía la palabra y evitaba verlo a los ojos, pero recordaba su tacto, agradable, cálido y fue como su parte de su calor permaneciese con ella incluso momentos después. Ella había visto su cicatriz por lo que Caron creyó que le resultaba desagradable, como a la mayoría.

-Gracias- no respondió acerca del frío, pero a medida que su poder se descontrolaba por dentro comenzaba a sentir por primera vez los efectos del clima en aquella ciudad. No era muy comunicativo, salvo con Zerch, parecía meditar mucho sus palabras y todos pensaban que era tímido, a veces pensaba tanto lo que quería decir que prefería no decir nada y usar frase cortas como “de acuerdo”, “gracias”, “bien”, entre otras.

-Terminé esto, lamento no habértelo entregado antes – dijo ella mientras le entregaba una tela roja perfectamente doblada, su capucha.

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En parte se sintió apenada, ciertamente él había llamado su atención desde su llegada, incluso antes de cambiar su atuendo, pero al ver su marca optó por distanciarse, al ver que Caron no se iría y que más bien comenzaba a formar parte de la familia, comenzó a sentir culpa por su trato. Cuando Mamá notó que algo parecía incomodarla no tardó en abordar el tema una vez estuvieron a solas.

– ¿Qué sientes cuando él está cerca? – preguntó ella pensando que se trataba de algo más, alguna vez le había notado una conducta similar con Zerch, pero tras conocerle mejor prefirió no verle de ese modo. Ella le explicó lo que había visto el día de su llegada, su expresión la delataba- ¿Qué piensas de él?

-Miedo, no lo sé, creo que es peligroso, a veces veo que Erick lo vigila, creo que él también…- no era buena mintiendo, pero la anciana era más sabia y muchas veces directa. Con mucho dolor decidió cortarle.

-Te es desagradable. Cuando lo miras, no logras verlo a él y solo piensas en esa marca. Por eso no has terminado el trabajo que te pedí, lo evitas – Kara solo asintió con vergüenza y no pudo evitar preguntarse cómo lo habría tomado Lily. Si bien no era su madre biológica, la había criado por años, sintió decepción hacia su pequeña por primera vez, lo peor era que no hizo falta decirlo, Kara lo sabía – He hecho lo posible para nadie nunca les ponga un dedo encima, y mientras ustedes vivan aquí, están bajo mi cuidado.

-Sabes que siempre estaremos…

-Déjame terminar- cortó ella con firmeza y sin dejar de sonar educada – Ese niño, no ha tenido tanta suerte. Viene de un infierno mucho peor que éste. Lo llaman “Salamander” y ninguno tiene idea de lo que vivió ahí. Es probable que haya vivido años con esa marca, por eso pretende que no le afecta tu indiferencia, te aseguro que no eres la primera en tratarlo así. Es ingenuo porque nadie se acercó a él, no sabe cómo lidiar a veces con gente como nosotros. Entrenó para sobrevivir, pero no sabe cómo vivir. Aun así, ha demostrado tener un gran corazón, lo sabrías, si realmente pudieses verlo.

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Caron no dudó en probársela y ciertamente se veía mucho mejor con ella, el trabajo de Kara había sido impecable, además había sobrado algo de tela con la que Kara le hizo una bufanda.

-Es perfecta, ambas lo son- Kara también se alegró de verle usar su capucha, no solo por el tiempo que le había dedicado sino porque pese al trato tan indiferente que había tenido hacia él lo últimos días, era capaz de sonreír para ella. Caron quiso decirle que en verdad apreciaba mucho, que sabía que probablemente era más fácil deshacerse de ella y comprar una nueva, por lo que valoraba aún más el trabajo que había hecho, pero las palabras simplemente no salían, dudaba mucho de sí mismo ¿qué tal si hablaba de más? Perdería toda la confianza que había ganado con ella. Se quitó la bufanda y la puso alrededor del cuello de Kara, su movimiento era algo torpe, ella intentó ayudarle en sus dedos se toparon por un instante, era muy diferente a la primera vez, a duras penas podía decir que estaban tibias y extrañamente se preocupó.

-Pensé que tenía un valor sentimental para ti- dijo ella con las mejillas ligeramente rojas y por un momento se olvidó de aquella marca. Por esta vez Caron sabía que decir.

-De donde yo vengo es un símbolo- ambos estuvieron en silencio un momento mirando las llamas. Kara notó que parecían responder a la mirada de Caron, moverse con su respiración, parecía algo agitada, la de ella también, sus latidos iban un poco más rápido, los de ambos, al tiempo que las flamas también parecían palpitar. Caron notó como se estaba comportando el fuego o más bien, como él lo estaba manipulando, por desgracias Kara también pudo verlo, pero no dijo nada, lo cierto es que ella no estaba seguro de lo que veía, solo que era extraño.

La sombra de Caron comenzó a moverse hacia Kara tras sentirse amenazada, había tenido suerte ese día en el callejón al haber sido sometida por la oscuridad, las sombras son hijas de la luz y el hecho de que la de Caron tuviese vida era uno no solo lo volvía un elemental potencialmente poderoso sino en uno de temer. La sombra poco a poco abandonaba su forma humana y comenzaba a transformarse en algo indescriptible y a su vez perturbador. Kara estaba de espaldas y no lograba verla, la sombra era capaz de desprenderse de las superficies para liquidar a su enemigo, Caron debía actuar, la vida de Kara estaba en sus manos, la sombra estaba justo sobre ella, quien por instinto sintió el deseo de girarse lentamente como si supiese de su presencia, Caron puso su mano sobre la de ella haciendo que dejase de girar y posando la mirada en él que sin darse cuenta se había acercado, Caron nervioso de tener a Kara tan cerca por un instante se olvidó de su sombra cerró los ojos y al mismo tiempo el fuego se apagó y la sombra se desvaneció en la oscuridad. Lo había logrado, de algún modo logró apagar las llamas a voluntad. Por su parte, Kara había interpretado de otro modo las intenciones del nuevo, en el momento que lo vio a los ojos tan de cerca, ese ligero brillo entre cobrizo y dorado como si hubiese fuego en su interior, cuando Caron los cerró estuvo a punto de pararse y dejarlo solo, “es callado, ingenuo, bajo, tonto” pensó, pero al ver como la luz abandonaba la estancia hizo un esfuerzo en mantener sus pensamientos, mas no pudo “es noble, tierno…” decidió acercarse a su calor, nadie los vería, cerró sus ojos y comenzó a acercarse. El fuego se había apagado, lo significaba que les esperaba una fría e interminable noche, pero al menos todos sobrevivirían a ella.

– ¿Qué ha pasado? – dijo Zerch tiempo que se acercaba al fuego, se había despertado por el frío, o tal vez nunca estuvo dormido. Kara no se había acercado lo suficiente para sellar el primero beso de ambos, pero si para que ambos sintiesen la respiración del otro, ambos retrocedieron casi al mismo tiempo, Kara ruborizada y Caron confundido.

-No es nada- dijo Kara intentando no darle importancia para no hacer sentir más incómodo a Caron- creo que tenemos algo más de leña afuera, iré por ella.

-No hace falta, iré yo- dijo Zerch marchando hacia la puerta y tomó una casaca que estaba en el perchero, Caron fue tras él sin decir nada, algo iba mal, que Zerch se ofreciese a hacer algo era extraño en él ¿Acaso había visto su sombra? Caron no podía dejarlo así, estuvo a punto de tomar otra casaca cuando se dio cuenta de que poco a poco el calor volvía a él, de no haber estado presentes los otros, habría intentado encender el fuego nuevamente.

Una vez afuera Zerch comprobó que extrañamente no tenían leña suficiente para toda la noche, ignorando el hecho de que Caron iba tras él fue a buscar más. Éste último intento decirle que no tenía por qué ir, pero al parecer buscaba la soledad, un camino que Caron también conocía muy bien. Tras un largo recorrido Zerch se detuvo de golpe, Caron respetó su espacio, sabía que no quería que lo viese, pero tampoco quería dejarlo solo. A duras penas podía ver en la oscuridad, Zerch no quería ser visto.

– ¿Qué sucede? – se animó a preguntar y tras un largo silencio, cuando estuvo a punto de repetir la pregunta cuando obtuvo su respuesta.

-Mañana se cumplen dos años- dijo con mucho pesar.

– ¿De qué? – Caron no lo entendía y tal vez fue por eso que Zerch eligió abrirse con él.

-De la muerte de mi madre- Zerch tardó meses en irse de casa y por mucho tiempo rondó solo antes de unirse al grupo de Mamá, aun así, él siempre se refería a ella como “vieja” (the old lady), con todo cariño, pero el motivo era que jamás había dejado ir a su madre, no como era debido- Mi padre nunca me dijo donde enterraron el cuerpo, pasé mucho tiempo intentando averiguarlo, lo cierto es que ella se fue sin despedirse y no sé dónde llorarla. Ni siquiera tengo un retrato para recordarla, cada día siento que empiezo a olvidarla un poco más – Zerch hacía el esfuerzo de contener sus lágrimas, pero jamás había hablado de eso con alguna otra persona y veía en Caron a un verdadero hermano, sus lágrimas comenzaban a cristalizarse. Zerch dejó de ocultar sus lágrimas y enojo, estaba listo para dejarlo salir – A veces creo que la razón por la que no me llevó con ella fue porque vio que al final era igual a mi padre.

-No lo eres- Caron intentó calmarlo, le había abierto las puertas de su casa y gracias a él supo lo que era una familia. Quería ayudar a su amigo a que pudiese ver como lo hacía él- Hay más grandeza en tu corazón de la que crees.

– ¡No me conoces! ¡Soy egoísta, egocéntrico! ¡Dioses! ¡Cuando me contaste tu secreto, juro que pensé en entregarte, y cuando casi te marchas sentí que me quitaba un peso de encima! ¡Digo ser tu amigo, pero no fui capaz de retenerte! Si Lily no hubiera estado ahí… Solo sé cuidar de mí mismo y pongo mis intereses antes que al resto, no te llevé a casa porque tuviese pena por ti, solo quería un nuevo amigo. Soy un monstruo igual que él – le faltó añadir que quiso romperle la nariz al ver que casi se besaba con Kara, lo cual no habría terminado bien para ninguno de los dos. Habían otras cosas más importantes en su mente en aquel entonces, tal vez debía volver con Atreyus a rogarle una vez más que lo lleve a la tumba de su madre. Caron se quedó helado, no solo porque hubiese estado tan cerca de ser entregado sino porque Zerch era consiente sus propias falencias y pese a eso siempre se mostraba feliz. Lo que a Zerch le aterraba era que físicamente era el vivo retrato de su padre y cada mala decisión solo lo volvía más como él. Tomó aire e intentó continuar- ¿Cómo se supone que recuerde quien soy sin ella aquí para guiarme?

-Tienes que verte del mismo modo que ella lo hacía. Como te vemos nosotros. Tal vez no siempre obedezcas, pero no cabe duda de que te importamos ¿Cómo puedes pensar que eres como él si tienes a tanta gente que te ama? – En ese momento las lágrimas de Zerch se detuvieron, jamás lo había visto desde ese punto, su padre tenía aliados; él, una familia – Cuando te miro, no veo al hijo de Atreyus ¡Eres a Zerch “El Magnífico”! ¡Maestro de las marionetas! – el entusiasmo en la última frase fue tal que el propio Zerch empezó a reír, secó sus lágrimas y se acercó a Caron.

– “Maestro de las marionetas”- repitió para sí mismo- Gracias… hermano- era la primera y única vez que Zerch le llamaría de ese modo, el resto del tiempo siempre sería “Socio”.

Luego sacó una pequeña daga de su bolsillo y se hizo un ligero corte en la palma de su mano derecha, luego le ofreció la daga a Caron quien hizo lo mismo, luego ambos se estrecharon la mano. Cada vez comenzaba a hacer más frío, si así eran las últimas noches de verano, Caron no quiso pensar cómo serían las de invierno, era tiempo de volver a casa.

-Entonces ¿si sabes que por aquí no hay leña, cierto? – dijo Caron mientras regresaban sobre sus pasos con las manos vacías.

-Esperaba que no te dieras cuenta – ese era un problema más por resolver- Podemos quemar la cerca- Caron se paró en seco, Zerch se giró con una sonrisa – ¡Creías! – Caron eran tan ingenuo como noble, algo que Kara notó en él esa noche y que Zerch y Lily ya habían percibido- Entonces ¿qué pasó con Kara? – bromeó Zerch tratando de obtener más detalles. Caron se cayó solo al escuchar aquel nombre, pero fue por distracción no porque le pusiese nervioso.

-Creo que nos perdimos- tal vez ambas cosas.

 Por distracción de ambos habían tomado otro camino y a lo lejos pudieron vez un lamparín que apuntaba a ambos seguido de un grito de “¡ALTO!”, el toque de queda por fin había dado con ellos. Pasarían un buen rato buscando evadir al guardia y otra media hora buscando la forma de volver, a su regreso Wesley había logrado volver a encender el fuego y les habrían llamado la atención de forma más apropiada de no haberse asustado al ver la mano derecha ambos con hilos de sangre ya seca a lo que ambos se excusaron con una mentira piadosa.

+     +     +

Los lazos de sangre era una costumbre ancestral en Kairon. Antiguamente los Lords hacían pacto de sangre con sus abanderados, se volvían “hermanos de sangre”. Sin embargo, esa costumbre se perdió después de la Invasión cuando muchos de los pactos fueron rotos, se cree que los dioses lanzaron una maldición sobre la tierra como respuesta a ese ultraje. Lo que ellos ignoraban era que esa fue la primera alianza entre un “Salamander” y un “Frozen Shield”, símbolo de Icemberg. Alianza que cambiaría el destino sus reinos.

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