C.D.K. – Madre

Nadie estaba muy seguro de como esa anciana había llegado de repente al pueblo, no solo porque al parecer había llegado por su propio pie, sino porque nadie olvidaría esos ojos violetas. Ella había sufrido la peor de las maldiciones, el Tiempo, su belleza le había sido arrebatada, su mente a duras penas tenía recuerdos de los lugares que había visitado, y al parecer fueron muchos. Solo había otro gran misterio acerca de Mamá además de su llegada y era su edad, debía tener al menos 60 años. Lo único que sobrevivió de sus días de gloria fue su corazón y a menudo solo eso faltaba, no le importaba si no lograba recordar quien había sido, muchas veces actuaba casi por instinto, su cuerpo se movía solo, estaba convencida de que había sido una maravillosa persona, digna de confianza y con un fuerte sentido del deber. Así que cuando su mente fallaba solo debía seguir su corazón, instinto que le hizo permanecer en Icemberg todo ese tiempo, pese a las constantes súplicas de sus hijos porque debían partir y era de las pocas cosas a las que siempre decía que no. “Mi deber está aquí” se decía. Casi todas las noches tenía pesadillas que olvidaba por completo al salir el sol. Algunas veces se miraba al espejo y aún podía ver ese rostro joven de cabello castaño claro con un ligero brillo y ojos violetas, pero siempre con tristeza en su mirada, ella misma acariciaba la mejilla de su versión más joven en el espejo “era tan hermosa” se decía con mucho pesar, cerraba los ojos como si al abrirlos volvería a ser como antes, por desgracia lo único que lograba ver era su anciano reflejo.

Anduvo sola por mucho tiempo, sobreviviendo en las calles pidiendo limosna, pese a sus años su cuerpo no era débil, por lo que el frío y hambre le darían una lenta muerte si las cosas mantenían su curso. Ella estuvo ahí cuando comenzaron a levantar la muralla, no entendía porque la catedral quedaba fuera; sin embargo, al comprender que separaban a los ricos de gente como ella, todo cobró sentido. La catedral por lo general albergaba a personas de su condición y vivía de la limosna de gente con más poder, cuando el muro estuvo completado las visitas a ésta se hicieron cada vez menos frecuentes, había cuartos para la gente humilde, pero la comida se limitaba a caldo y, es un buen día, una pieza de pan.

Un día le tocó compartir habitación con un joven de cabellos dorados y ojos azules de mirada solitaria llamado Erick, a diferencia de los otros niños era muy callado y por lo que pudo ver, no le gustaba jugar con los demás. Lo había visto antes en la plaza, también buscaba ganarse el pan, aunque sin mucho éxito. Cuando supo que compartiría habitación con el por una noche fue a preguntarle a las hermanas que lo sabían de él. Al parecer había quedado huérfano tras la invasión, vivía con su abuelo que acaba de morir hace poco, tenía una casa donde vivir, pero el último invierno la había debilitado al punto de queda inhabitable así que ahora estaba en la calle. Esa noche, pese a sus intentos de hablar con él, Erick siempre se mostró distante, subió a su camarote y se dispuso a dormir. Entonces, la anciana comenzó a armar una miniatura de papel, era una gansa y la dejó donde Erick pudiese verla. La anciana chasqueó los dedos y una fina corriente de aire elevó la gansa al techo de la habitación, podía volar, ella la controlaba con ligeros movimientos en sus dedos. Erick jamás había conocido a un elemental más allá de las historias narradas por sus padres, la gansa fue suficiente para romper el hielo esa noche, la anciana no tenía mucho que contar debido a su poca memoria, pero Erick creyó que si intentaba adivinar tal vez algo regresaría a su memoria, la idea no era tan mala así que tras horas de adivinar la anciana comenzó a tomarlo como un juego y se quedaron con la versión más fantástica “Llegaste aquí en un caballo alado mientras ibas camino a Pegasus” “¿Por qué a Pegasus?” “No sé, se dice que sus habitantes son descendientes de ángeles (sutil forma de los extranjeros de decir que eran hermosos, algo que Erick ignoraba) ¿Por qué no ir? Ibas rumbo a Pegasus, cuando de pronto te interceptó una jauría de hombres lobo y tuviste que desviarte” “¿Por qué tendría que desviarme si mi caballo era alado?” “Pues… ¡mejor que sea un unicornio” “Aja…” “Llegaste a la ciudad y el poder divino les impidió la entrada, por lo que aguardaron en las afueras, pensaste que lo habías logrado cuando de pronto viste en tu brazo un ligero corte, entonces supiste que la maldición había caído sobre ti” “Auuuuuuuu” aulló la anciana y golpearon la pared de al lado pidiendo silencio, ambos se rieron en voz baja, estaban listos para dormir. Esa noche, la anciana volvió a tener otra de sus pesadillas, pero esta vez Erick entraba a cambiarlo todo y esa noche en mucho tiempo pudo dormir en paz.

Al día siguiente ambos debían retomar sus vidas; sin embargo, la anciana creyó que ya era tiempo de ganarse la vida así que tuvo una idea. Convenció a Erick de trabajar junto con él en la plaza, haría un show de títeres, tomando “prestadas” telas y algunos manteles de la Catedral, él haría la presentación y ella los efectos sonoros improvisando con algunos viejos utensilios de cocinas, un cajón de madera y fuegos artificiales que la Catedral había confiscado en la semana a aquellos que se quedaban en sus aposentos.

En un inicio no lograban recaudar más de 2 o 5 piezas de cobre al día, lo suficiente para una comida al día entre los dos, pero con el tiempo Erick y la anciana fueron mejorando, armaron un pequeño escenario y escenografías pintadas por el mismo Erick, al parecer tenía talento en el dibujo así que cuando la obra terminaba ambos vendía los fondos que no volverían a usar, después de todo, siempre podían volver a crear otra historia. En unos pocos meses tenían más que suficiente para comer así que siguieron mejorando su acto. Los títeres pasaron a ser marionetas confeccionadas por un anciano carpintero del pueblo, Erick se encargó de pintarlas y con algo de práctica estaban listos para otro show.

La anciana no tardó en notar entre el público a un niño que, entre todos, era el único que se volvía a casa solo mientras que los demás volvían con sus padres, sus facciones eran similares a la de Erick, lo cual no era motivo de sorpresa. La anciana comenzó a prestarla más atención y se dio cuenta de que al momento de presentar el show era el primer en llegar y el último en irse, la mayoría del tiempo leía cerca a la pileta cerca de otros niños pero no hablaba con ellos, ella comprendió que no quería sentirse solo, ese niño era Wesley.

+     +     +

Se podría contar con una mano los momentos en el año en los cuales la gente dentro del muro se anima a salir e incluso menos donde aquellos tras el muro son bienvenidos en su interior, y entre ambos había uno en el que ambas partes coincidían, el festival de la cosecha. Un día de suma importancia en el cual de decidía el futuro de la cuidad.

La Cosecha era una vieja costumbre de Icemberg que la gente, pese a la celebración, se tomaba muy en serio. Sucede que muchos de los que viven afuera del muro solían morir a temprana edad debido al invierno, algo que la iglesia no podía permitir por lo que decidieron abrir sus puertas exclusivamente para los niños del otro lado que no tuviesen un hogar o cuyas familias no podrían cuidar de ellos durante esos meses, pero el sustento de estos siempre dependía de la cantidad de comida que se generaba en el año, a más alimento, más niños podían recibir, cantidad que por lo general iba a de 30 a 50 dependiendo de la productividad del año. En un inicio hubo sus dudas, algunos padres preferían pasar hambre junto con sus hijos antes que desprenderse de ellos, no obstante, al comprobarse que la iglesia cuidaba no solo su alimentación sino su salud y que además les educaba, algunos regresaban sabiendo leer y escribir, aprendiendo a hacer pan, entre otras habilidades útiles para la vida diaria, ocasionaron que para los años siguientes se tuviese que escoger a quienes podía albergar o no la iglesia. Esa era la principal diferencia entre la Catedral de la ciudad y la de las afueras, la de la ciudad albergaba por todo el invierno a quienes elegía mientras que la de las afueras recibía a todos por igual durante todo el año, un día a la vez, pero ambas predicaban al fin y al cabo la misma fe.

Además del comercio de alimentos, la celebración daba pasa a un carnaval, pirámides humanas, mantos hechos con flores, fuegos artificiales, funciones de teatro, entre otros atractivos. El carnaval tenía lugar en la plaza central de la ciudad, en el interior de sus muros, en aquel entonces pese a sus diferencias, las personas de fuera eran bienvenidas durante la celebración. Zerch solía escaparse con su madre a ver el carnaval, a su padre nunca la gustó ese tipo de eventos, pero tanto madre como hijo eran dichosos de tener gente tan feliz cerca de ellos.

Sin embargo, esta cantidad había descendido considerablemente trayendo como consecuencia que a duras penas se lleven a 20 o 30 niños para resguardar. Por más autosuficientes que fuese Icemberg, el periodo de aislamiento total de 2 años trajo consigo muchas bajas, en su mayoría por hambre, la mano de obra y clase trabajadora de la ciudad había permanecido fuera. Atreyus impartió una política muy estricta sobre el consumo de alimentos y el reparto de los mismos, aunque él y su familia nunca pasaban hambre, antes de cerrar sus fronteras se encargó de comprar toda la cosecha usando la mitad de su fortuna personal, también necesitaría almacenes y gente de confianza que los resguarde, el primer año fue difícil, pero el segundo fue fatal. Falleció la tercera parte de la población al interior de las murallas debido a una extraña enfermedad, y al exterior no le había ido mejor. Durante esos 2 años la gran Catedral no recibió a nadie, padres con niños en brazos, huérfanos, rogaban desde el otro lado del muro asilo para los más indefensos, Atreyus mandó a escoger 3 personas al azar y las crucificó afuera del muro, nadie volvió a pedir asilo desde ese día.

En ese momento, la Catedral menor se vio en la obligación de tomar una decisión drástica por el bien de los menos afortunados, dejaría de recibir a hombres, mujeres y ancianos, y al igual que la Mayor lo había hecho anteriormente, ofreció asilo durante todo el invierno solo a niños y niñas. La diferencia entre la Mayor y Menor se hizo notar enseguida por los refugiados, la calidad de la comida era inferior y me menor cantidad, no había lecciones, o sabías leer o no, además de tener mucha menos capacidad con un máximo de 20 camas; no obstante, nadie iba a morir de hambre o frío.

+     +     +

Wesley pasó el último invierno en la Catedral Menor, por lo que al salir no quedaba casi nada de su vieja casa, habían sido invadidos por un grupo de indigentes otros huérfanos que al igual que él, no tenían un techo así que improvisaron algo similar a una casa usando carpas y materiales que caerían seguramente durante el otoño. Él era muy pequeño para echarlos y a diferencia de los hijos de Mamá, no eran tan pequeños ni amigables, menos cuando les informó que era el dueño legítimo del lugar. Los guardias accedieron echar a esa gente por un precio impagable para el pequeño, tampoco había garantía de que no volvieran, estaba en la calle.

Mamá logró reconocer su rostro de algunas noches durante el asilo de la Catedral Menor, nunca pensó que su situación fuese tan mala, casi no había tenido contacto con los demás refugiados a excepción de Erick.

– ¿Te gustó el show? – preguntó un día la anciana cuando vio que una vez más, era el último en irse.

-Sí- dijo él entre una mezcla de emoción y timidez, lo cual le había hecho sonar cortante.

-Ya los has visto casi todos, si sigues viniendo tan seguido pronto nos quedaremos sin material- bromeó la anciana. Lo cierto era que ya no tenían historias nuevas y Wesley las había visto los suficiente para hacerlas de memoria. Ahí rodeado de otros niños, sin preocupaciones, disfrutando el espectáculo, riendo con ellos, era solo uno más del grupo y eso quería. Erick, al ver lo que la anciana intentaba hacer optó por ayudarla.

– ¿Por qué que no lo intentas? – dijo él mientras le ofrecía el títere de un guardia, Wesley lo tomó, ciertamente ni la anciana o Erick esperaban que hiciese algo con él, pero al tenerlo en sus manos parecía darle más confianza en sí mismo.

– “Mírenme, soy la guardia de la ciudad. Su seguridad es mi deber ¿Qué dices? ¿Un ladrón? No gracias, ya tenemos” – ambos se rieron, no estaba seguros si él lo había ensayado o tenía un talento natural, pero desde ese día no se separó de ellos.

Les llevó un tiempo, meses, reunir el dinero que los guardias pedían para sacar a esa gente de los terrenos de Wesley, el escarmiento fue lo bastante bueno como para que no volviesen, pero estaba claro de que sus noches en la Catedral habían terminado, no podrían volver a dejarla sola. Debían hacer algunas reparaciones en casa, lograron reconstruir la mayoría de techos excepto el de la recamara principal, que por desgracia era de las más grandes. En un inicia tapearon las ventanas para evitar que se colase el frío, fue necesario cambiar algunas de las puertas y, por sobre todo, reparar la chimenea. Lograron que la Catedral les donase algunos colchones ya muy viejos, calderos y otros utensilios, era mejor que nada y en algunos casos, solo un poco mejor que nada. Intentaron cultivar algunos vegetales, pero sin éxito, ninguno tenía el conocimiento suficiente para hacerlo, además desconocían porque la tierra no era lo bastante fértil ni el cómo revertirlo.

+     +     +

Era muy extraño que Mamá fuese la primera en levantarse, no solo por su edad sino porque Erick y Zerch parecían siempre estar llenos de energía, aunque el segundo prefería seguir guardándola la mayor parte del tiempo. Tuvo problemas para dormir la noche anterior y gracias a eso fue capaz de oír la conversación entre Caron y Kara que pese a ser breve la consideraba un progresa por parte de su hija, de haber visto lo que Zerch probablemente su reacción hubiese sido diferente. Esa mañana se levantó sin hacer ruido y fue interceptada por Erick antes de acercarse a la puerta.

-Voy contigo- dijo él.

-Solo voy al mercado- mintió ella con toda cortesía, cualquier otro se lo habría creído, pero no él.

-Bien, entonces te acompaño- dijo mientras se ponía el saco y su sombrero de copa.

-Necesito que te quedes a cuidar de Zerch y los otros- extrañamente aquel joven rebelde siempre estaba presente en sus pensamientos, tanto o a veces más que el mimo Erick.

-Saben cuidarse solos- Erick lo pensó mejor- la mayoría – y siguió pensando- a veces – y concluyó- de todos modos iré contigo.

-Andando- dijo por fin la anciana, sabía que no tenía caso intentar razonar con él.

Erick podía ser muy sobreprotector en ocasiones, a la vista de todos Mamá era fuerte, solo él la había visto en momentos de debilidad, llorando cuando perdió a algunos de sus hijos o tosiendo sangre luego de sus entrenamientos, lo cual marcó el fin de los mismos. Algo en ella había cambiado desde la llegada de Caron y tuvo miedo.

-Este es el primer año en el que la Catedral Mayor volverá a abrir sus puertas- comentó la anciana durante el trayecto.

-Sabes que todos preferimos quedarnos fuera contigo.

-Solo serían unos meses y lo que aprenderán allá les servirá más de lo que yo puedo ofrecerles – La anciana había olvidado como leer y escribir, cuando iba a de compras sola Wesley se aseguraba de que tuviese todo anotado correctamente, ella sabía que lista entregarle a cada mercader y las cantidades siempre eran las mismas, lo que le asustaba era que en un tiempo también olvidaría como contar y en sus peores pesadillas no podía reconocer a ninguno de sus hijos.

-Las cosas van a mejorar, ya lo verás. Vamos a estar bien.

-Erick, eres de mis hijos más listos, incluso si hacemos todo correctamente, el riesgo que corremos es muy alto, tal vez con menos de nosotros podamos lograrlo- Erick se odio por no poder debatir su punto, debían separarse para poder volver a estar juntos, los más fuertes debían seguir con Mamá y él, el resto debía resguardarse.

-Supongo que ya tienes a alguien en mente.

-Lily- dijo ella sin tener que pensarlo mucho- es muy joven y aprende rápido, pero necesitará a alguien que cuide de ella. Sabes cómo puede ser la vida dentro de la Catedral si uno está solo, nuestra pequeña tiene mucha facilidad para meterse en problemas.

-No pienso dejarte- aclaró él.

-Sé que no, pero creo que la alternativa tampoco podría gustarte.

-No, no, no puedes hablar en serio- se negaba a aceptarlo, ambos habían llegado a la misma conclusión.

-Zerch y Edmont pasarían hambre antes de volver dentro de esa ciudad, Wesley no podría con esa labor, Kara me preocuparía tanto o más que ella- aunque a decir verdad también había considerado enviar a Kara a la Catedral Mayor; sin embargo, sabía que a lo mucho se aceptaba un máximo de 2 niños por casa, además conseguir esos puestos no sería fácil.

– ¿Qué me dices de Adam? – tras escuchar los argumentos anteriores, él era la única opción “debatible”.

– Sin Wesley ahí le será difícil comunicarse con el resto, menos con Lily- y el debate fue breve.

-Ella puede aprender- habría sigo una mejor idea sustentar las fortalezas de Adam que recurrir a la de Lily.

-¿Lily?- no era que dudase de las capacidades intelectuales de su pequeña, pero a Wesley le resultaba difícil hacer que se siente una hora al día en la mesa para enseñarle a leer y escribir, labor en la que por cierto había fallado, tal vez una mejor disciplina de la Catedral Mayor tendría mejores resultados, lo cierto era Lily era un espíritu libre, sería difícil razonar con ella sin hablar su mismo idioma, Adam tampoco era una opción.

-De acuerdo, no nos precipitemos, aún nos queda tiempo para pensarlo mejor.

-Estoy segura de que llegarás a la misma conclusión que yo, en todo caso mientras más pronto mejor, porque necesitaré tu apoyo.

De pronto se dieron cuenta de que una gata les estaba siguiendo, ambos entraron a un callejón y ésta las siguió, era Moon ¿cuánto tiempo llevaba escuchando? Se transformó en su forma humana, aunque esta vez vestía de un modo más recatado, al parecer la presencia de la anciana le resultaba incómoda.

-Supongo que vienen por “Salamander”- dijo mientras lamía su muñeca sin prestarles mucha atención, su cola se movía con sutileza.

Cuando Mamá supo que Caron era un “Salamander”, nombre con el que comúnmente se le llamaba a la gente de Stardust, una sonrisa se dibujó en su rostro, incluso su mirada que a veces se perdía en la nada, cobró perspicacia. No entendía porque, pero cuando ese niño puso un pie en su casa supo que debía quedarse con ellos y de algún modo su corazón le dijo que estaba en lo correcto. Crecer en Stardust era una prueba de vida, el hecho de que él hubiese crecido ahí confirmaba que era un sobreviviente.

La guardia jamás se metía con los niños de Mamá, Moon por su parte, tenía el pasatiempo de ponerles las cosas un tanto complicadas. Le lanzó una bolsa de monedas a Erick, quien no tardó en reconocerla, era la suya y solo podía significar una cosa.

-Dijiste que nos darías una semana- reclamó Erick, la anciana se acercó a Moon.

-Bueno tú sabes cómo es esto, las paredes oyen- luego miró a Mamá- Tal vez sería mejor que adopten gastos en vez de más niños, ya no estás en- la anciana le dio una bofetada lo bastante fuerte para que alguien como Moon pudiese sentir dolor, tenía las marcas de sus dedos en el rostro, la felina no estaba seguro si había usado su poner o no para golpearle, pero este había resonado en todo el callejón y agitó algunas ventanas. Contra todos sus instintos Moon logró mantener la calma, no era el momento de lidiar con ella, pero entendía por qué lo había hecho. Erick permaneció inmóvil, no creía lo que acababa de ver, estuvo a punto de ponerse en guardia en caso Moon fuese a tomar represalias. La felina no actuó, la verdad era que Moon no tuvo nada que ver con la filtración, pero ¿quién iba a creerle? La odiaban por quien era casi tanto como a sus amos- Como sea, ya no me deben nada.

– “Bien, esto es casi una victoria, es mejor irnos” – pensó Erick, pero Mamá no había terminado.

-No, ahora tú nos debes algo- pese a estar junto a Mamá, Erick estuvo asustado, estaba jugando con fuego, incluso si los dos combatiesen contra ella, incluso si ganaban, un conflicto con los hechiceros pondría en peligro a todos en caso, irónicamente pensó el primero en hacerlo serían Zerch o Caron, y en ese momento le habría gustado que les acompañasen.

-No les debe un- Mamá volvió a abofetearla en el mismo lugar antes de que pudiese objetar al respecto. Esta vez Moon puso la mano sobre su mejilla colorada, el mínimo tacto le resultaba extremadamente doloroso, incluso usando regeneración el dolor no se iría tan fácil, su poder cerraba o curaba heridas; sin embargo, el dolor siempre debía seguir su curso. Contuvo sus lágrimas por la humillación, solo quería marcharse de ahí, pero a los ojos de la anciana y Erick les había engañado, pese a haber devuelto el dinero, habían tenido que prescindir de él con dificultad, pasar hambre ¿Quién les devolvería eso? – ¿Qué desean? – dijo ella casi escupiendo las palabras, Mamá hizo una petición tan extraña que hizo olvidar por un segundo el dolor a Moon, no era compleja así que accedió, les pidió que esperen y se marchó.

Le llevó al menos una hora regresar, durante ese tiempo Erick intentó, sin muchos argumentos, hacer cambiar de parecer a Mamá, pero en menos de 15 minutos se quedó sin nada, el resto del tiempo aguardaron conversando de cosas menos importantes, el carnaval que se acercaba, los fuegos artificiales y rumores acerca de visitantes de tierras extranjeras, pero les parecían tan absurdos que prefirieron ignorarlos. Cuando Moon regresó traía consigo un pergamino enrollado, Mamá no lo revisó, no tendría como comprobar la autenticidad del contenido, tendría que volver a confiar esta vez, de algún modo estaba segura de que Moon no les fallaría esta vez.

-Nos vemos- dijo la anciana y se marchó seguida de Erick quien miró con pena a Moon por un instante.  Mamá estuvo en silencio durante todo el regreso y Erick seguía sin asimilar que Lily se iría por 3 meses y que le confiarían su cuidado a Caron, debía haber alguna alternativa.

Mientras tanto en casa, el primero en notar la ausencia de Erick y Mamá fue Caron, quien despertó a Zerch señalando sus colchones vacíos.

-Seguro estaban haciendo compras o algún recado- dijo bostezando, Caron realmente le agradaba, pero a veces le gustaría que fuese más como él- “¿Qué manía de levantarte tan temprano?” Aprovecha en dormir un poco más antes de que empiecen a darnos órdenes- Caron tenía la costumbre de ser de los primeros en levantarse, mayormente cuando quería cazar algo para el almuerzo o desayuno, ni siquiera estaba seguro de poder molestarlo con ser demasiado obediente porque nadie le pedía hacerlo.

-Pero…

-Shhhhh- dijo Zerch mientras se acomodaba para dormir, le habría tenido más paciencia de no ser porque había estropeado un sueño maravilloso que tenía con Moon. En éste, había vuelto a vivr en la mansión de su padre, pero se las había arreglado para exiliarlo al otro lado del muro, Moon vivía con él, ella era su mascota, pero no en la forma animal. Sonrió recordando su sueño, con algo de suerte podría seguir con él.

-Estoy preocupado- dijo Caron en voz baja, Zerch no supo si se lo dijo a él o solo pensaba en voz alta. Ese sueño no volvería, se sentó de pronto y miró a Caron.

-Mamá y Erick son elementales y probablemente quienes menos me preocuparían en esta casa.

-Pero…

-Mira, seguro Mamá está enseñando a Erick como volar o algo así- Caron quedó sorprendido, los elementales de aire con esa capacidad se habían extinto dos siglos atrás, aunque existían los rumores de que algunos pocos despertaban esa habilidad, él jamás había visto o conocido a alguien que hubiese visto a uno. Al ver la expresión en el rostro de Caron, Zerch supo que su trabajo estaba hecho – ¡Creías!

Caron se puso de pie y comenzó a buscar algo para preparar el desayuno, Wesley estaba dormido cerca de la chimenea con un libro en brazos, había tenido el turno de vigilar el fuego para que durase lo suficiente, al parecer había fallado en el proceso, el fuego estaba extinto, pero por fortuna no aún no hacía suficiente frío en las mañanas para despertar a todos, aunque Caron sentía sus manos heladas, concentró algo de su poder en ellas para tratar de calentarlas, no funcionó, así que buscó algo de leña y volvió a encender el fuego, luego puso algo de agua, se le antojó un té. Miró a los demás en la habitación, Zerch había vuelto a echarse y se hacía el dormido, Edmont dormía profundamente desparramado en su calchón, Lily también, aunque en el caso de ella era gracioso mientras que Edmont, con tantas sábanas encina, parecía un oso invernando. Adam estaba sentando, haciendo respiraciones, era como su ritual diario para iniciar el día. Kara estaba en posición fetal, su cabeza descansaba sobre su brazo izquierdo, extrañamente Caron sintió paz al verla, las cosas con ella se habían tornado algo raras nuevamente, y él aún no reunía valor para encararla, de pronto comenzó a abrir los ojos y miró hacia donde estaba Caron, de algún modo había percibido su mirada, lo cual logró despertarla, aunque su rostro seguía inmutable, permanecieron viéndose un rato esperando a que el otro dijese algo, cuando Kara se animó a tomar la iniciativa para iniciar con un “Buenos días” el agua en la tetera había hervido y el sonido estaba despertando a todos así que Caron fue a apartarla del fuego y por la prisa olvidó usar un guante, el aza debía haberle quemado, pero se encontraba perfectamente y por fortuna nadie notó nada raro.

Caron trató de preparar el desayuno, era mejor cazador que cocinero, así que tras verlo desorientado en la cocina Zerch tuvo compasión de él y empezó a cocinar huevos revueltos, Zerch era insoportablemente perfeccionista en cualquier cosa comestible que preparase, pese a todos estar muy a gusto con su comida, la espera hacía eterna cuando tenían hambre, mayormente en el desayuno. El pan estaba un poco duro, cortó un pedazo y lo puso en el sartén para freírlo, luego puso un huevo encima para que se cocine, solo logró hacer una tostada así antes de que todos comenzaran a levantarse por el aroma, la compartió con Caron y le advirtió que la terminase rápido, para entonces Lily estaba en la mesa observándolos con curiosidad, Caron le dio la mitad del suyo, supuso que Erick habría hecho lo mismo en su lugar. Zerch comenzó a freír más pan, pero sin huevo encima, era un pequeño gusto que quiso darse, el resto podría acompañar las tostadas con huevos revueltos. Decepcionado comprobó que no había ingredientes suficientes para hacer mermelada, iría a buscarlos esa misma tarde, también sintió deseos de preparar el almuerzo, revisó la lista sobre la mesa con los ingredientes que Erick puso a su disposición, no eran suficientes para lo que se había propuesto, tal vez usaría sus ahorros para comprar lo que faltaba, después de todo para él era un día importante.

Para cuando llegaron Mamá y Erick, todos habían terminado de desayunar. Mamá extendió su mano con el pergamino y se lo entregó a Zerch quien lo abrió con desconfianza.

-Si es mi lista de quehaceres de la semana entonces –como siempre él huiría de la mayoría o de las que considerase menos relevantes por lo que las listas de quehaceres fueron un método descartada para usarse con él, sin mencionar que aún tenía que mejorar en su lectura, pero en esa ocasión lo que vio hizo dar un vuelvo a su corazón. Sintió un ardor muy tenue en sus ojos y poco después un líquido cálido recorrer sus mejillas. Nunca antes había llorado en frente a todos, lo cual también enmudeció al resto, algunos no se acercaban a él porque no sabían cómo reaccionaría y los que sí lo sabían, tampoco lo hicieron, podía tornarse algo violento en esos momentos. Caron era el único de los presentes que lo había visto llorar sin salir lastimado y para la anciana, fue la primera vez que lo vio. Luego de dos largo años, en aquel pergamino, por fin había vuelto a ver el retrato de Claudia, su madre.

Comparte esta historia en tus redes sociales
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Buffer this page
Buffer

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *