C.D.K. – Familiar

Esa noche Zerch tuvo una pesadilla, no había una explicación para ellas, pero llegó a creer que el tenerlas era una forma en la que su padre lo llamaba, pero ¿Por qué diablos lo querría de vuelta? Durante su primer año en las afueras del pueblo estaba convencido de que su padre cruzaría esa muralla en cualquier momento y lo llevaría de regreso, pero aparentemente esperaba que regrese por su propio pie.

El viejo recibía informes de él de vez en cuando, ­pero Zerch nunca lo supo. Eran breves, pero cubrían lo esencial, cómo estaba, con quienes se estaba quedando, también averiguó todo sobre ellos, por ello cuando supo que la mujer a la que llamaban “Mamá” estaba a su cuidado sintió una extraña mezcla de alivio y molestia. No estaba en sus planes deshacerse de la anciana por las consecuencias que eso podía traer, en cambio esa labor se la dejó al tiempo mismo, pero vaya estaba tardando. Los otros eran un problema distinto, la madre de Edmont tenía deudas lo bastante grandes para sus próximas dos vidas; sin embargo, aguardaba el regreso del padre para que comenzara saldar algunas de ellas, si ella no se moría antes. Seguía lamentando lo de Erick, aunque era solo cuestión de tiempo para que se una a él y con algo más de suerte su hijo le seguiría junto con los otros. Todo iría bien mientras Lily no recordase nada, pero había otros asuntos encabezando su lista y por sobre todos ellos estaba Capital.

Lo que quedó de Kamino fue nombrado Capital en honor el viejo mundo, no era ni la sombra de lo que solía ser; sin embargo, sus elementales seguían siendo los más fuertes sobre la tierra y no pasaría mucho para que la familia real visitase Icemberg, querían restablecer el comercio con ellos, a Atreyus le era indiferente pero eso significaba que tendría un ejército marchando hacia su puerta muy pronto, si era venganza o paz lo que buscaba no tenía como saberlo así que era mejor prepararse para lo primero y ya no estuvo tan seguro si estar tras las murallas era lo más seguro, debían acelerar las pruebas. Si algo salía mal traería a su hijo de regreso, así tuviese que hacerlo el mismo.

A la mañana siguiente Zerch se despertó con un dolor de cabeza y un poco tarde para preparar el desayuno o más bien fue Edmont quien le quitó el sueño.

-Oye despierta, el nuevo se fue- susurró Ed.

-¡¿Qu- Ed le tapó la boca para no despertar a los otros, aún era temprano pero era cuestión de tiempo para que noten su ausencia. Lily se levantó de su lugar miró alrededor, fijó la mirada en Zerch un instante y prefirió volver a acostarse rendida al sueño.

-Se llevó algunas cosas de la alacena, sabía que no podíamos confiar en él-  Ed estaba molesto, pero no quería armar un escándalo así que mantuvo baja la voz, era un problema de Zerch y él debía hacerse cargo, no era solo otra tarea de la que podía huir.

Zerch no sabía que decir sentía vergüenza por haber sido tan ingenuo, podía imaginar a su padre burlándose de él “Hijo estúpido” solía llamarlo en sus malos ratos. Debió echarlo de casa cuando pudo, el viejo era despiadado, pero nunca incauto y él lo había sido, no era mejor que él después de todo.

-¿Y ahora qué?- se quejó Ed, quien tenía el desagradable don de hacer que los problemas se vean más grandes de lo que son. Bastaba con usar los alimentos para la tarde o ajustar un poco el cinturón un día o dos comiendo menos en las noches, pero Ed era del tipo de personas que preferían quejarse a buscar soluciones y su estadía con Mamá no lo había cambiado. Al no oír una respuesta o ver incomodidad en Zerch siguió con su queja- Siempre te crees tan listo, evitas los quehaceres cuando todos aquí hacen su parte ¿por qué no vuelves a casa si tanto extrañas esa vida? Maldición, Sergio si no vas a- y dijo la palabra que él tanto odia, su nombre y Ed lo siguiente que vio fue el puño de Zerch ir directo a su rostro, pero una vez más Erick estaba ahí para calmar las cosas, daba la impresión de que siempre lo estaba. Zerch era fuerte para su edad, pero Erick lo era aún más, además sabía que con un soplido suyo pasaría las siguientes 3 horas junto al fuego.

-¿Qué sucede aquí?- preguntó incomodo pero sin alzar la voz, Lily y los otros seguían dormirdos.

-¿Por qué no le dices nuestro hermano donde está tu nuevo amigo, Serg?

-Es suficiente Ed, sabes que eso le molesta- siempre hubo alguna que otra discusión entre Erick y Zerch, pero hasta el respetaba el hecho de no querer usar su nombre real, así que para Erick el siempre era Zerch, así de sencillo- Zerch, dime ¿qué sucedió? – con la calma que lo caracterizaba y haciendo énfasis en su nombre. Erick tenía un sexto sentido para los problemas, era evidente que había un problema y al ver el sitio vacío de Caron comprobó que sus sospecha del chico eran ciertas. Zerch tomó aire, como si fuese a ganar tiempo haciendo eso, Ed ya había alimentado el problema incluso en su mente, les habían robado comida y los pocos centavos que habían dejado en la mesa para las hogazas de pan.

-Pues Caron- le costaba decirlo, la voz de su padre otra vez en su cabeza, prefería hablar para no tener que seguir escuchándola- Caron se- y de pronto se abrió la puerta, ninguno notó que estaba cerrada sin seguro, entrando por la puerta estaba Caron.

-¿Dónde estabas?- preguntó Erick,

 -Fui a traer algunas cosas para el desayuno- dijo Canon aún estaba vistiendo la misma ropa que le habían obsequiado.

-Pues aquí ya faltan algunas ¿qué sabes de eso?- acusó Edmont.

-Tomé algunas verduras que dejaron sobre la mesa y unos centavos, los necesitaba.

-¿Para qué?- preguntó Erick con más calma que Ed, ocultaba mejor sus sospechas. Antes de responder Caron abrió su bolsa, dentro había unos 3 conejos.

-Fui a cazar, me llevé algunas zanahorias como carnada.

-¿Cazaste 3 conejos?- preguntó Ed aún sin creerlo

-4, vendí uno devolver lo que gasté en flechas- extendió su mano con algunos centavos en ella, todos salvo Zerch lo veían de forma extraña como si no entendieran lo que acababa de explicar- es más rápido comprarlas hechas ¿hice algo malo?- Zerch comprendió que su nuevo amigo no era malintencionado, solo ingenuo.

-No, socio. Ven, vamos a preparar el desayuno- pidió Zerch luego de tomar los centavos y cerrar la puerta, no quería que lo interroguen ante el riesgo de que hablase de más, además el frío que había entrado por la puerta se encargó de despertar al resto, Erick ya era suficiente atención.

El resto no entendía lo que acababa de suceder y preferían seguir durmiendo, pero al ver a tantos de pie se sintieron obligados a hacer lo mismo. Zerch comenzó a preparar un estofado con los conejos que Caron había traído y algunas verduras para acompañar, luego las repondría. Lo cierto es que era bastante hábil en la cocina, tenía muy buena sazón y hacía mucho que no tenía tan buenos ingredientes, casi había olvidado el sabor de la carne, era extraño verlo con tanta disciplina en algo, los tiempos de cocción de los conejos, los vegetales e incluso el del agua. Comenzó a degustar el estofado con la cuchara de palo “casi” le dio de probar a Caron, sus ojos se abrieron de la sorpresa, era excelente, aunque Zerch fuese muy autocrítico, no dejaba de mencionar algunos ingredientes y condimentos que le hacían falta, el tipo de cosas que ya no podía permitirse y que, pese a todo, echaba de menos. Su madre le había enseñado a cocinar, Atreyus siempre se veía feliz al probar alguno de sus platillos, Zerch creyó que si él lograba hacerlo igual de bien tendría el mismo efecto, le ayudó en la cocina durante meses y anotó en un diario todas sus lecciones. Cuando llegó el día esperó las felicitaciones de su padre, pero nada más lejos de la verdad, disfrutó del platillo, sí, hasta que supo quién lo había preparado “¿Para eso pago tu educación? ¿Para qué acabes sirviendo en una cocina? Maldición, Sergio, tus maestros dicen que no prestas atención a tus lecciones y ahora veo que también eres mediocre” el resto del sermón no fue mejor, poco después de ese día fue cuando perdió a su madre. Por ello, sin importar cuando delicioso fuese el platillo, nunca sería lo bastante bueno para él porque tampoco lo había sido para su padre.

-¿Estás bien?- preguntó Caron, Zerch llevaba un buen rato callado.

-Sí, pon la mesa por favor.

-Ya está puesta- los demás, ansiosos por la comida se habían adelantado y llevaban esperando junto con sus platos, incluso la anciana- Creo que les gusta tu comida.

-No- dijo casi sin ganas- es que no hemos comido conejo en un largo tiempo, anda vamos a servir- no sonaba como él, Caron habría preferido alguna de sus mentiras antes que escucharle de ese modo.

Todos comieron entre halagos al cocinero y al cazador, e incluso hicieron un pequeño brindis con algo de té, la sonrisa de Zerch no tardó en volver y de algún modo Caron comenzó a hacerlo también. Finalmente había llegado el momento de repartir las tareas labor que Mamá había delegado a Erick desde hace mucho.

-Su atención chicos- dijo poniéndose de pie- creo que antes de iniciar voy a pedir unas palmas para nuestros cocineros del día de hoy- entre aplausos, silbidos y pequeños golpes en la mesa el ambiente de la casa volvía a ser el de siempre, incluso Ed estaba contento.

-Gracias a ambos- añadió Lily también poniéndose de pie- ¡Es la mejor comida que he probado en mucho tiempo! – frase que volvió a ser bien recibida por el grupo.

-¿Mejor que la sopa insípida que Mamá prepara?- bromeó la anciana fingiendo indignación lo que trajo alguna pifias por parte de Edmont y Wesley hacia Lily.

-Sí- contesto su pequeña muy sonriente un instante antes de que Erick la volviese a sentar.

-Ahora es momento de repartir los quehaceres. Kara, hoy te toca quedarte a cuidar de Mamá, acompáñala a donde necesite. Wesley, el almuerzo. Adam, revisa los techos. Zerch, iremos a trabajar a la plaza, Lily, conmigo. Edmont, la leña- y luego hizo una pauta- Caron, has traído más comida a la casa en una mañana que nosotros en tres días, creo que todos estamos de acuerdo en que puedes hacer lo que gustes por hoy.

-Si les parece bien, quisiera ir a la plaza con ustedes.

-Está bien, socio, vienes conmigo- dijo Zerch poniendo su brazo amistosamente en el hombro de Caron.

-¿Qué haremos exactamente?- susurró el nuevo.

-Lustrar zapatos- dijo Zerch algo incómodo al ver la reacción de su amigo dijo- ¡Creías! Harás un show de marionetas al lado de Zerch “El Magnifico”- dijo Zerch con mucho entusiasmo, aunque por la expresión de Caron parecía estar esperando ansioso un segundo “creías” que nunca llegó. Poco después Wesley dejó unas hojas en la mesa.

-Espero te apegues al libreto esta vez- pidió Wesley pero sin mucha esperanza.

-La gente ama los giros en la historia- comentó Zerch muy orgulloso.

-¡Es un show para niños!- reclamó el autor, algo irónico pues el promedio de todos en la casa era de máximo 10 u 11.

-Pero somos niños- comentó Lily.

-No por siempre mi pequeña- dijo Mamá- Vayan, yo me encargaré de limpiar esto, Kara ayúdame a levantar la mesa. Adam, cuando termines de revisar el techo necesito que hagas unas compras por mí.

Él solo asintió con la cabeza, Adam era mudo, una bruja había robado su voz desde muy pequeño, el llanto de un bebé no bautizado también tenía poder, pero ello eso no le impedía interactuar con el grupo, tenía su propia forma de comunicarse utilizando señas, aunque Mamá ya estaba algo mayor para aprender algo nuevo, con quienes podía comunicarse más era con Wesely y Erick, aunque el segundo con un menor nivel de entendimiento. Usaba un chaleco azul y una bufanda roja que siempre cubría la cicatriz de su garganta. Antes de encontrar a Mamá, vivía con sus tíos en una granja, un estilo de vida que extraña hasta hoy en día, cuando Atreyus expropió los campos de cultivo de su familia ambos opusieron resistencia y fueron encerrados en las “celdas de invierno” donde cumplen su condena de 3 años. Su cabello era rubio oscuro, sus ojos azul cielo, si piel era blanca como la de los otros pero sus manos tenían cayos, había trabajado mucho tiempo junto a sus tíos, por desgracia sus habilidades difícilmente podían ser aprovechadas en esa casa, el otoño empezaría pronto y si no reunían suficiente comida para cuando llegase el invierno, no todos iban a lograrlo y Mamá lo sabía.

La plaza lucía muy diferente durante la mañana, los adultos aún evitaban la mirada con el grupo, pero había muchas tiendas alrededor, se había improvisado un pequeño mercado muy concurrido, pero con poca variedad. La tierra no era muy fértil y nadie estaba seguro si fue una maldición de los dioses por darle la espalda a Kamino en su hora más oscura o simple obra de la naturaleza, lo que vendría a ser lo mismo. Cada uno además de una pequeña bolsa donde guardaban el dinero tenían una cantinflora llena de agua y media pieza de pan por si tenían hambre durante el día. Al llegar Ercik comenzó a explicarle las reglas al nuevo,

-Debemos reunir al menos 5 piezas de cobre cada uno para cerrar el día, eso es lo mínimo con lo que podemos comer todos.

-¿Y las de oro y plata?

-No consigues de esas de este lado del muro- explicó Zerch con cierto rencor, sabía a quién se debía eso, pero no tardó en usar su sonrisa- Tranquilo socio, vas a ver que con mi nuevo show conseguiremos 100 piezas de cobre- dijo Zerch tenía mucha confianza.

-O tomates- bromeó Lily

-Como la última vez- ratificó Erick.

– Solo observa como lo hago- dijo Zerch ignorando a sus dos hermanos mientras estiraba los brazos, abriendo y cerrando los dedos. Caron sentía un poco de pena e incluso pensó en pedir irse con Erick o buscar el dinero por sus medios, pero Zerch era su amigo, lo menos que podía hacer era quedarse a ver su show…

-No puedo creer que te quedaras a ver su show- dijo Lily acercándose a Caron mientras jugaba barajando los naipes, había sido un buen día para ella y había conseguido 10 piezas de cobre. Erick continuaba con su número de aves de papel voladoras, había conseguido 15 piezas de cobre. Mientras que, luego de dos shows de títeres dirigidos por Zerch, tanto él como Caron habían reunidos 2 piezas de cobre- Esto no es lo tuyo ¿verdad?- él solo negó con la cabeza- bueno si ya viste uno de sus shows los has visto todas ¿por qué no intentas conseguir dinero de otro modo?- él la miró con una expresión de duda en su rostro, Lily sentía que ahora él era el mudo y no Adam, pese a eso le seguía pareciendo lindo- Intenta algo en lo que seas bueno, yo juego hago trucos de cartas, Erick hace animales de papel y Zerch pues… estoy segura de que encontrará algo. Ten- dijo ella lanzándole con su pulgar una pieza de cobre- puede que te ayude en tu búsqueda.

-Gracias- dijo Caron y comenzó a recorrer la plaza con más detenimiento, debía haber algo ahí también para él, extrañamente podía sentir que le observaban, aunque ese momento creyó que se trataba de Lily.

Lo que llamó más su atención era una tienda casi vacía a lo que no iba nadie, atendida por un anciano melancólico, sus ropas eran elegantes, pero ya muy viejas, usaba un sombrero de copa similar al de Erick, sus cabellos eran blancos y sus ojos celeste muy claro, además usaba gafas pues progresivamente estaba perdiendo la vista. El viejo ofrecía la única cosa que gente ignorante infravaloraba en tiempos de crisis: la sabiduría. Wesley adoraba leer pero era incapaz de pagar un libro, así que el viejo le prestaba alguno muy de vez en cuando siempre que no los sacase de la librería, incluso más de una vez se ofreció para trabajar ahí, gratis si con ello lograba convencerle, pero el viejo no era capaz de pagarle ni con comida y no quería que sufriese un destino igual, se contentaba con sus pequeñas charlas acerca de sus últimos libros. El viejo era el primero en abrir su negocio en toda la plaza y el último en cerrar; sin embargo, era el que menos vendía. Sus reservas eran cada vez menores y se sentía cada vez más débil. Si su situación no mejoraba se vería forzado a quemar sus libros para mantener encendida su estufa. A la fecha tenía 3 días sin comer, si algunos morirían en el invierno, el viejo no llegaría a ver el otoño.

-¿Joven Wesley?¿es usted?- dijo al ver una silueta pequeña entrar a su tienda mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro pero al comprobar se error ésta empezó a desvanecerse.

-Él se ha quedado hoy a cuidar de Mamá- no era difícil saber a que Wesley se refería, hasta donde había visto era el único niño en todo el pueblo que prefería leer a jugar o tal vez para él eran la misma cosa- Mi nombre es Caron.

-¿En que puedo ayudarle joven Caron?- dijo el viejo sin mucha esperanza, Wes nunca había podido comprar un libro y eran demasiado valiosos para permitirse prestarlos así que en sus ratos libres iba a leer algunos. La verdad era que Caron solo quería entrar a ver porque nadie más se asomaba a aquella tienda, simplemente preferían comer a leer y tras haber visto su forma de vida, no podía culparles. Aun así sintió pena por aquel hombre y al menos quiso hablar con él.

-No soy de por aquí.

-¿Y de donde eres entonces?

-Stardust- dijo el niño y al viejo se le abrieron los ojos, era como si su vista volviese a ser lo que era.

Stardust el nombre de una ciudad en medio del desierto, una fortaleza natural casi impenetrable. La leyenda dice que Stardust se originó cuando fragmentos de la segunda luna se estrellaron en el continente, estos fragmentos se hicieron polvo y dieron lugar a varios desiertos y anomalías, entre ellas sus arenas mágicas. Entre todas, las arenas rojas eran las más fascinantes, sus efectos aún son estudiados por hechiceros y brujas pues, entre sus muchos efectos, tenía una cualidad aterradora: suprimir el poder de los elementales. Stardust también era conocida también por contar con los mejores cazadores y rastreadores del continente, pues la alternativa era morir de hambre. Se presume que gremios de asesinos y ladrones se ocultan bajos sus arenas. Su símbolo es la salamandra. De Icember se sabe muy poco debido a lo reservado de su gente con el mundo exterior, pero de Stardust se sabía todo y a la vez nada, tanto sus arenas como los efectos que estas tenían eran tan famosos en todo el continente, pero no se sabía nada de su estructura política, poder militar, clases sociales, siquiera un mapa, el cómo estaba organizada la ciudad y quien lo hacía era un total secreto, los escritos que se tenían, libros, pergaminos, todo había sido destruido o robado, lo cual reforzaba la teoría de que era dirigida por gremios de baja reputación. Por ello, cuando Kamino cayó, ellos fueron los únicos que no recibieron una petición para ir en su ayuda a su reconstrucción post Invasión y; sin embargo, fueron los primeros en saberlo.

-Necesito un libro- no estaba seguro de poder pagarlo, pero ya estaba ahí de todos modos, el viejo aún no decía nada así que siguió, le explicó cual necesitaba y el viejo respondió.

-Tengo uno, es pequeño pero te costaría al menos 10 piezas de cobre- pero el viejo volvió a sentir los efectos del hambre, era mejor recibir unas monedas a perderlo todo, tal vez podía darse el gusto de comer algo ese día-Tal vez 5- y al ver la expresión den Caron supo que incluso eso estaba lejos de su alcance, pero Caron también logro ver algo en él, una sensación que conocía de primera mano, el hambre.

-Quiero una hoja y tinta por favor- pidió él, dejó la moneda en el mostrador y comenzó a escribir. Lo hizo lo bastante grande tomando en cuenta la dificultad que el viejo tendría para ver, luego dejó la hoja en el mostrador – es la receta del pan de cazador, me ha servido más veces de las que recuerdo. Hasta luego- y se fue.

El viejo revisó la lista de ingredientes, con la pieza de cobre no tendría problemas en conseguirlos, era esencialmente harina y agua mezclados, enrollados en una rama o un palo y cocinado cerca del fuego. Fue de las primeras cosas que Caron aprendió en su entrenamiento, de nada servía saber rastrear si moría de hambre antes de llegar a su objetivo. No era el tipo de conocimiento que la gente registrase en libros, por ello se limitó al gremio de cazadores y sus pocos asociados.

Esa noche el viejo volvería a saborear comida por primera vez en una larga espera mientras sentía como recuperaba poco a poco sus fuerzas, recordando a aquel joven, pudo simplemente decirle la receta como era común entre cazadores, pero él quiso comprar tinta y papel para asegurarse de que el viejo tuviera lo necesario para prepararla y entonces le hizo recordar aquello que las personas de mucho saber a veces infravaloran: la empatía.

Cuando Caron salió de la tienda comprobó aquello que tanto temía, le estaban siguiendo y no quien se esperaba, creyó que era más seguro alejarse del grupo o los pondría en peligro también, se alejó de la plaza y entró en un callejón, por fortuna aún le quedaban flechas del desayuno así que se puso en guardia, pero lo único que se acercó fue un gato de pelaje azul oscuro como la noche y ojos verde esmeralda.

-Muéstrate- pidió él tratando de sonar valiente, el gato solo atinó a maullar desentendido, pero Caron no había terminado- los animales de por aquí solo tienen el pelaje blanco. Lo diré otra vez, muéstrate- el gato estiró su cuerpo y comenzó a cobrar forma humana, era joven, pero notablemente mayor que él. Conservaba algunas facciones como orejas, cola e incluso la forma de sus ojos seguían siendo felinas, además sus movimientos mantenían cierta gracia animal induciendo una ligera hipnosis, su voz también era relajante.

-Eres listo, eso me agrada- dijo ella, pero Caron, pese a su deducción, se veía asombrado. La verdad era que solo los animales salvajes tenían el pelaje blanco en Icemberg, no los domésticos, el disfraz había sido perfecto aunque Caron ganó por desconfiado.

-Sé lo que eres- dijo intentando mantener su valor, en realidad tenía dos opciones, la primera y más inofensiva era que se tratase de un bestial, criaturas mitad humanas que pueden cambiar su aspecto a voluntad, a menudo son muy inteligentes y conviven junto con los humanos, la segunda y por la cual tenía tanto miedo era que se tratase de una bruja.

-Sí de algo estoy segura es que no lo sabes- avanzó hacia él pese a que le estuviera apuntando con el arco y llegó a colocarse justo delante, tomó su mano y le hizo bajar el arco sin apartar la vista de sus ojos- tienes manos cálidas- bromeó ella- si quieres hacerte pasar por alguien ordinario al menos usa guantes- Caron comenzó a sudar frío, ella conocía su secreto solo con tocarle.

-“Bruja entonces” – o solo un bestial demasiado listo ¿Qué quería? ¿Por qué lo estuvo siguiendo? En el momento en el que esa idea vino a su mente los ojos de su acosadora brillaron por un instante, acto seguido hizo un ligero gesto de ofensa sin abandonar su pícara sonrisa.

-Tu aroma me cuerda al de alguien más y hacía mucho que no lo veía por aquí que pensé en un amigable reencuentro, pero en cambio te encontré a ti- sujetó la mano de Caron y con una de sus uñas, afiladas como garras tomó una gota de su sangre que después empezó a lamer, Caron quería resistirse pero su cuerpo no le obedecía del todo, forcejeaba y a su vez se sentía cada vez más débil, debía usar su poder, era el único modo de darle vuelta al encuentro y recuperar el control, mas no pudo, recordó la preocupación de Zerch cuando lo supo, como si algo malo le fuese a ocurrido, por otro lado no podía dejar que ella lo siguiese manipulando comenzó a concentrar el calor en la punta de sus dedos y entonces una ventisca apartó a su atacante, el frío hizo reaccionar a Caron quien no tardó en comenzar a temblar.

-¡Aléjate de él!- rugió Erick por primera vez perdiendo la calma mientras un aura helado lo rodeaba, se podía ver el aire blanco salir de su boca, en efecto había usado su poder para liberar a Caron.

-Erick, tan apuesto como siempre- dijo ella- espero no estés celoso, solo pasé a saludar al chico nuevo.

-Ahórratelo, conoces las reglas. Ustedes de su lado y nosotros del nuestro.

-Oh, pero ¿cómo iba a saber que era uno de tus chicos? Mamá ya está muy vieja como para cuidar más bocas, a su edad deberían ser ustedes quienes cuiden de ella. Volviendo al punto- observó con detenimiento a Caron de arriba a bajo, sonreía y no porque le gustase- ¿Qué tenemos aquí? No te había visto antes, supongo que debo reportarte.

-¡Suficiente!- dijo Erick tajantemente, a su alrededor algunos papeles comenzaron a elevarse, como si un tornado comenzara a formarse, ella sabía que no era momento de enfrentar al favorito de Mamá, era mejor negociar.

-Yo solo sigo ordenes, pero claro, podría pasar esto por alto, por un precio – miró la bolsa de monedas de Erick – ¿cuánto traes ahí? ¿Sabes qué? No importa, lo acepto de todos modos – Erick sabía lo que se estaba jugando, con mucho dolor le lanzó su bolsa de monedas con las 30 piezas de cobre que obtuvo junto con Lily ese día, quien se las dio a cuidar porque era más “seguro”- y les daré una semana para que lidien con… esto- Se acercó a Caron que aún temblaba de frío, lamió su mejilla y fue como si el calor volviese lentamente a su cuerpo y sonriendo se despidió- Nos vemos, “Salamander”.

-¿Qué ha sido eso?- Caron no lograba entender que acababa de pasar, todo había sucedido tan rápido que le llevaría un tiempo armarlo mientras intentaba dejar de temblar por el frío ¿Quien era esa joven exactamente? al parecer Erick la conocía bien.

-Es un Familiar- Erick permanecía serio, Caron ya había comenzado a causar problemas en su primer día, se topó con la persona equivocada – son seres invocados de otro plano que sirven a hechiceros y brujas- la invasión a Kamino había sido en su mayoría por hechiceros y brujas el que hubiese una en el pueblo representaba una amenaza para todos en él.

-¿Hay un hechicero en Icemberg?- preguntó el nuevo asustado, ya no hacía falta el fingir ser valiente ante el enemigo, entonces respondió la persona que lo sabía de primera mano: Zerch, quien llevaba un tiempo escuchando, al parecer también tuvo miedo de actuar.

-No, casi todos dentro del muro lo son- confesó con gran dolor.

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