“Hilos”

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Desmond salió de casa a toda prisa, no encontró a nadie ahí, ni si quiera Mamá, la inacabable mujer ya entrada en años que cuidaba de él y un grupo de inadaptados a los que con todo cariño se refería como “hermanos”. Tuvo una sensación de soledad que invadió su cuerpo, no recordaba haber vuelto a casa y recostarse en su cama la noche anterior, solo despertó en su habitación con telarañas por todas partes. “Anoche…” pensó, sintió un hormigueo en su muñeca, comenzó a rascarse a medida que avanzaba hasta que no pudo más, se quitó el guante y observó como un hilo blanco muy fino había entrado en su piel ya había cicatrizado y lentamente tiró de éste, sintió que aquel hilo había llegado a lo profundo de él, ahora ya no temía por su familia, sino por sí mismo. Cuando sus dedos comenzaron a moverse en contra de su voluntad el resto de su cuerpo se paralizó “Tengo que encontrar a Moon, ella sabrá como ayudarme” dijo en voz alta, entonces una risa se escuchó por encima de los árboles, la reconocería en cualquiera parte, era ella. Subió la mirada y reconoció su peculiar silueta sentada en la rama de un árbol. Las nubes se movieron dejando pasar la luz de la luna que revelaban su aspecto real, no era Moon, o bueno, sí lo era, una marioneta tamaño real de ella, pero Desmond no logró ver como lograba manipularla ni el titiritero tras bizarra actuación. “Lleva algún tiempo acostumbrarse” le dijo ella mientras contemplaba la luna, la picazón volvió, esta vez en su otra mano, Desmond ya sabía lo que era y obstinado como siempre se negó a quitarse el otro guantes, mas no hizo falta, la otra mano de la que había perdido el control lo hizo por él. “¿Qué nos está pasando?” preguntó Desmond horrorizado. “¿Nos?” corrigió ella, apartando la vista de la luna por primera vez, bajó del árbol, sus movimientos al andar eran torpes e inhumanos, tendrían que romperle los huesos a alguien para que pudiese andar así. Desmond por fin logró verla de cerca, sin el manto de la oscuridad, aunque sus atuendos fuesen los mismos, aunque esa fuese su voz, aquella muchacha frente a él no era más que una pobre imitación de su amiga, podía ver como su boca se desprendía al hablar, a su perfecta imitación de voz se sumó un extraño sonido de madera como el de un cascanueces “Yo no pertenezco aquí, tú sí ¿o acaso has olvidado cómo llegaste?”. “Tú no eres Moon, eres solo un títere”. Otra voz se manifestó “Tú también lo fuiste, solo que ahora puedes verlo” saliendo de entre los árboles estaba padre o más bien la versión bizarra de él, al igual que Moon, con un cuerpo falso y una boca grande. Desmond ya no controlaba sus manos y pudo ver insectos salir de los orificios donde estaba aquella telaraña. Cuando sus pies también le fallaron y le hicieron caer de rodillas empezó a reír cual demente, mientras otras marionetas se dejaban caer desde lo alto tratando de rodearle, todos tenían algo en común con Desmond. A todos los había conocido en vida y tenía la certeza de que todos, con excepción de Moon, habían muerto ya, algunos a causa suya. Lo más extraño no le resultó aquel aspecto grotesco que algunas figuras podían tener, sino que se dio cuenta de que el único con hilos entre los presentes, era él.

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1 comentario de ““Hilos””

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